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La vacuna contra el maltrato

La vacuna contra el maltrato

1. ¿Podemos inmunizarnos contra el maltrato?

2. Algunas personas son especialmente vulnerables:

2.1. Personas que no reconocen el maltrato

2.2. Personas que fueron maltratadas en su infancia

2.3. Personas entrenadas en el “tú no tienes la culpa”

2.4. Personas entrenadas en la falsa fortaleza

2.5. Personas que “evitaron la separación de sus padres”

2.6. Personas que siempre tenían la culpa

2.7. Personas que tuvieron otras parejas maltratadoras

3. ¿Qué ingredientes lleva la vacuna contra el maltrato?

 

 

1. ¿Podemos inmunizarnos contra el maltrato?

Una vacuna es un preparado que sirve para que el cuerpo aprenda a protegerse ante una enfermedad. Se inyecta una dosis pequeña y atenuada de ese virus o bacteria y el organismo genera anticuerpos, de modo que, si en un futuro se ve expuesto a la enfermedad, será capaz de luchar contra ella.

Algo así ocurre con el maltrato. Si una persona aprende a reconocer lo que es y cómo se lucha contra él, cuando se encuentre ante una situación parecida podrá salir de ella con facilidad. No obstante, eso no significa que si ha vivido una situación traumática de este tipo estará emocionalmente preparada para luchar contra una nueva.

Sufrir y/o presenciar una situación de maltrato en la infancia o en la adolescencia y no resolver las secuelas emocionales podrían dejar a una persona tan debilitada que solo supiera moverse en ese tipo de relaciones.

Es decir, probablemente, esa persona sabrá manejarse en el rol sumiso de una relación de poder, tendrá una gran habilidad para tranquilizar a alguien agresivo y sabrá detectar cuándo su pareja va a atacarla de algún modo, comportándose en consecuencia para minimizar los daños. Esa persona está inmunizada contra el maltrato, pero no del modo correcto; le han enseñado a soportarlo y a no sentirse una víctima, le han hecho ver que no es tan grave, y no le han enseñado cómo apartarse del peligro.

Por otra parte, el trauma puede salir a flote convertido en agresividad: un niño/a que ha visto como uno de sus padres maltrataba al otro puede llegar a la conclusión de que, en las relaciones, o maltratas o te maltratan. No comprenderá que el vínculo de pareja es un vínculo de igualdad y no de poder. No obstante, en esta ocasión, vamos a hablar de las personas que siguen en un rol de sumisión.

 

2. Algunas personas son especialmente vulnerables

Si bien cualquiera puede verse envuelto en una relación de maltrato, hay quien es especialmente proclive a sufrirlo debido a su historia personal y a las huellas emocionales que dejó en él o ella su pasado. A continuación vamos a hablar de algunos de estos grupos de riesgo.

 

2.1. Personas que no reconocen el maltrato

Hay niños y niñas que crecen viendo situaciones graves de maltrato entre sus padres y, cuando preguntan acerca de ello, obtienen respuestas como “Esto pasa en todas partes, no es tan raro” o “Si tú supieras cómo se tratan otras parejas…”. Es muy típico en situaciones en las que la víctima tiene dependencia emocional y quiere minimizar lo que ocurre para poder seguir ahí.

Estos niños y niñas aprenderán que romper cosas, gritar, insultar o menospreciar a la pareja son cosas normales y no muy graves. Algún día, quizás, se encuentren un una relación de esas características, como verdugos o como victimas, y se consolarán diciendo que eso pasa en todas las parejas. Podrán sentir, incluso, que esos altibajos son sinónimo de una relación de verdad.

Acostumbrados al sufrimiento, su umbral de maltrato estará muy alto y minimizarán cualquier comportamiento agresivo que esté por debajo de lo que ya han vivido.

 

2.2. Personas que fueron maltratadas en su infancia

A veces, son los niños los maltratados. Puede ser que sus padres sean violentos entre ellos y también con los hijos, o puede que sea algo exclusivamente dirigido hacia los pequeños (y aquí incluimos también el maltrato por omisión). Cuando eso ocurre, el niño/a aprende una de las peores lecciones posibles: el amor y el dolor van unidos. Necesita para sobrevivir a una persona que lo maltrata, así que crea con su cuidador un vínculo traumático o de traición.

Es tan grande la dependencia que tiene un niño pequeño de sus cuidadores, que cualquier comportamiento agresivo puede quedar disfrazado de algo sin importancia, o incluso de amor. Cuando, en el futuro, conozca a una potencial pareja, podrá pasar por alto muchas alertas rojas porque las personas que debían protegerlo también lo maltrataron y no lo verá como algo tan grave.

Frases como “Te pego porque te quiero”, “Te grito porque eres insoportable” o “Te lo compro porque estoy harto de ti, cógelo y no quiero verte hasta mañana” confunden enormemente al niño/a y hacen que cree un autoconcepto muy bajo.

Una vez un chico me contó que, cuando era pequeño, un adulto de su entorno le dijo: “Tienes un padre maravilloso, nunca te ha puesto la mano encima”. Es un mensaje que pretende enseñar que hay que estar agradecido por no recibir violencia física (como si el niño, en un principio, mereciera esa agresión) y que un padre que no pega a sus hijos es excepcional. Se trataba, además, de un padre verbalmente agresivo. El peligro estaría en que ese chico hubiera interiorizado que puede perdonar cualquier tipo de maltrato que esté por debajo de la violencia física y que, en caso de que alguien traspasara ese umbral, de todos modos sería algo que merece.

 

2.3. Personas entrenadas en el “tú no tienes la culpa”

Hay quien ha crecido en un ambiente en el que lo importante era no tener la culpa. “¿Te han insultado?¿Te han pegado? Bueno, lo importante es que tú no hayas hecho nada malo, allá esa persona con su conciencia. La vida lo/la pondrá en su lugar.” A veces, incluso, ser una víctima significaba recibir amor y atención. 

Estas personas llegan a encontrar tranquilidad en situaciones injustas. Pueden aguantar mucho tiempo al lado de alguien que las trata de forma despectiva, porque en el fondo están en paz: lo importante es que el malo sea el otro. 

¿Dónde está el origen del error? Nadie les ha dicho que no merecen cosas malas, ni tampoco que, además, merecen cosas buenas. Sencillamente les han enseñado a consolarse en la inocencia: “Sí, estás en una situación terrible, pero no pasa nada, porque tú eres una buena persona”. Personas que se pasarán la vida diciendo a su pareja “Esto sí que ya no lo merezco”, esperando, en el fondo, el permiso moral para marcharse.

Detrás del complejo entramado emocional de estas personas hay un fuerte sentimiento de culpa creado por dos mensajes aprendidos: “el maltrato es grave cuando has hecho algo malo” y “si aguantas, llegará un punto en que ya no lo merezcas”. Están pagando, inconscientemente, por su bajo autovalor, y haciéndose válidas a través del sentimiento de víctimas.

 

2.4. Personas que siempre tenían la culpa

Una paciente me contó que, cuando era adolescente, le hacían bullying en el colegio. Durante mucho tiempo lo escondió, porque le parecía algo vergonzoso y sentía que, de algún modo, merecía ese maltrato por ser diferente al resto. Un día, después de varios meses de sufrimiento, llegó a la conclusión de que merecía ayuda y amor. Así que decidió contar en casa lo que le ocurría y se encontró con otra sorpresa; su madre, ante el relato, puso cara de no entender nada y le dijo algo similar a lo siguiente:

-¿Y por qué te dejas hacer eso? ¿Es que eres tonta? ¿No sabes contestarles?

No pudo haber respondido algo más dañino. Según la paciente, si ella hubiera sido la autora del bullying, su madre le hubiera echado la culpa por ser mala persona, pero era la víctima, y seguía teniendo la culpa de no enfrentarse a sus atacantes. Por último, se autoculpaba por llevar ropa más cómoda que el resto ya que, también su madre, le había advertido varias veces que esa ropa era fea, que le quedaba mal y que los demás se iban a reír de ella.

La paciente sufría un gran bloqueo porque en todos sus roles (incluso en los imaginarios) frente a situaciones de maltrato era ella la culpable de lo que sucedía.

 

2.5. Personas entrenadas en la falsa fortaleza

Hay niños y niñas que crecen observando situaciones de maltrato y oyendo comentarios como: “¡Qué gran fortaleza tiene esta mujer para aguantar todo eso!”, ”Este hombre ha aguantado las infidelidades de su mujer durante muchos años, tiene una fuerza mental envidiable”, “Qué valiente, toda la vida durmiendo al lado de un maltratador” o “Era la única persona que conseguía manejar un poco su agresividad y evitar que le pegara.” Parecería que aguantar fuera un logro.

En realidad, se trata de un entrenamiento realmente aterrador: “aguantar te hace fuerte, cuanto más sufrimiento aguantes y menos te quejes más fuerte y admirable serás”. Está un poco relacionado con el apartado 2.3., ya que venera el hecho de no tener la culpa del maltrato.

 

2.6. Personas que “evitaron la separación de sus padres”

Suena absurdo que un niño decida sobre dos adultos. No obstante, hay una situación en la que la existencia de hijos puede tener que ver con el divorcio o no divorcio de sus padres: hablamos de casos en los que la economía familiar no permite que la víctima se separe de su maltratador/a. Algunas veces, la víctima tiene las de perder: se vería en la calle, no podría mantener a sus hijos y podría llegar a perderlos.

Aún así, lo que sucede en otras ocasiones es lo mismo que comentábamos antes: existe una dependencia emocional muy grande. Existe un “no quiero pedir ayuda a ningún familiar, no quiero aceptar lo que pasa y quiero seguir en la relación, pero necesito pensar que no es por mí, que es por los niños”. Cuando hay una dependencia emocional y una debilitación general importante puede ocurrir que la víctima realmente se refugie en esa idea (equivocada y perpetuadora del maltrato). Y, aunque jamás se debe culpar a la víctima, todavía menos debemos responsabilizar a los niños.

“No me separé para que pudieras tener juguetes”.

“No me separé para no darte ese disgusto”.

“Si tú no estuvieras, me hubiera separado”.

Esos niños y niñas pueden crecer con una profunda culpabilidad por el maltrato que sufre uno de sus padres, llegando a creer que si su padre/madre no fue feliz para que ellos pudieran serlo, ellos tampoco tienen derecho a ser felices en sus relaciones de pareja y tienen que pagar por ello de algún modo.

 

2.7. Personas que tuvieron otras parejas maltratadoras

A veces, después de sufrir algún tipo de maltrato en una relación de pareja, nuestra autoestima está tan dañada y tenemos una necesidad tan grande de afecto que podemos caer en otra relación de maltrato casi sin darnos cuenta. Puede que nuestro umbral del dolor esté tan alto que no nos importe estar con alguien que nos maltrate un poco menos. Al fin y al cabo, es más amable que el/la maltratador/a anterior.

Por otra parte, cuando estamos necesitados/as de algo en particular, las personas con problemas graves de empatía (narcisistas, psicópatas, sociópatas) pueden darse cuenta de nuestra carencia y hacernos ver que tienen justo eso que tanto anhelamos, a la vez que se aprovechan de las inseguridades que nos dejó la otra relación, para hacernos caer en su tela de araña.

 

3. ¿Qué ingredientes lleva la vacuna contra el maltrato?

Para que una persona pueda considerarse vacunada contra el maltrato, tiene que conocer exactamente el significado de esa palabra, saber qué tipos existen y no quitar importancia a ninguno de ellos. Tiene que saber qué le hace bien y qué le hace mal, y ser capaz de detectar las banderas rojas que indican un posible maltrato futuro.

A la vez que comprende en profundidad el concepto, es necesario fomentar en esa persona una autoestima saludable y enseñarle la importancia de poner límites, por ejemplo, diciendo que no cuando eso es lo que desea.

Estar vacunado/a contra el maltrato no significa que podrás aguantarlo sin dolor, significa que no lo tolerarás y podrás poner límites a tiempo.

 

Inmunizarse contra el maltrato no significa conseguir que no duela; significa saber detectarlo a tiempo y contar con los recursos emocionales necesarios para apartarse de él. -       

¿Te ha ocurrido algo parecido? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

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