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¿Libertad o libertinaje? Te explico cuál es la diferencia

¿Libertad o libertinaje? Te explico cuál es la diferencia

 

Hace unas semanas, un chico, en la calle, hablaba sobre su libertad de contestar o no los mensajes que le envía su amigo para quedar.

Unos días después, una chica le decía a su novio de una forma bastante altiva que ella tenía la libertad de bailar con otros chicos y dejarse tocar, y que si eso le molestaba era por culpa de su inseguridad.

Días más tarde, un hombre (socio en un negocio) le decía a su otro único socio que no iba a trabajar durante la recta final de un proyecto, porque tenía derecho a tomarse unas vacaciones, y que si quería trabajara él.

¿Sabes cuál es la diferencia entre la libertad y el libertinaje?

La libertad es el derecho que todos tenemos a tomar decisiones y a conducir nuestra propia vida. El libertinaje es el uso de esa libertad de forma indiscriminada, sin respetar los derechos del otro y sin aceptar las consecuencias de los propios actos.

Por ejemplo, si un día estoy cansada y decido no responder un mensaje a otra persona, y luego esa persona me lo reclama, tengo dos opciones: decirle que estaba cansada y que por eso no respondí (de modo que la otra persona decida libremente si quiere volver a escribirme), o darle una respuesta ambigua o irrespetuosa (bajando su autoestima y haciéndole creer que la culpa la tiene ella por esperar una respuesta). Si yo quiero tener la libertad de ser intermitente en una relación, debo asumir las consecuencias de esa intermitencia, sin intentar saltármelas mintiéndole al otro.

La auténtica libertad implica un reconocimiento de la libertad del otro. Me sorprende oír a tanta gente hablando de una libertad en la que solo está implicada ella misma. Una libertad que ha nacido de un sentimiento de víctima que le lleva a pensar que “él/ella lo merece todo, el mundo le debe todo y quien no esté dispuesto a quedarse sin nada para dárselo todo es porque es egoísta”.

Cuando el victimismo es muy profundo, se puede convertir en sadismo y en despotismo. Y cuando alguien te habla de su libertad y te hace sentir sometido, quizás es porque algo raro hay detrás. Quizás es algo tuyo, o quizás es algo suyo. Pero seguramente uno de los dos está faltando al respeto al otro.

Sí, es normal no responder un mensaje por estar cansado, pero no lo es tanto quedarse hablando con otras personas para que esa primera te vea en línea y aprenda de ese modo lo libre que eres. Tampoco es normal enumerar tus libertades con el fin de hacer sentir mal a otra persona y transferirle un sentimiento de injusticia que te permita estar al mando de la relación.

La libertad es respetuosa. El libertinaje es agresivo. -       

¿Te ha servido este post? ¿Alguien ha abusado de su libertad contigo? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

La devaluación: la segunda fase de la relación con un/a narcisista

La devaluación: la segunda fase de la relación con un/a narcisista

Durante la primera fase de la relación con un/a narcisista, este/a te hará un love-bombing que te dejará en estado de embriaguez. Por una parte, su comportamiento te parecerá exagerado, pero, por otra, estarás tan feliz de que, al fin, una relación te salga bien desde el principio que te dejarás llevar por esas emociones tan bonitas y esa sensación de tranquilidad.

A menudo, a las víctimas de narcisistas les cuesta detectar si realmente han estado con uno de ellos, ya que todavía tienen esperanzas y con el tiempo van olvidando la intensidad que tuvo ese bombardeo de amor. No obstante, hay algo que suelen detectar con más facilidad, y es que en un momento dado las cosas empezaron a torcerse y ya no volvieron a ser como antes.

Esto puede ocurrir en las relaciones sanas, cuando de repente uno descubre algo sobre el otro que no es capaz de tolerar y se replantea si seguir o no con esa persona. Suele tratarse de un descubrimiento impactante que choca con los valores que tiene el que se replantea seguir.

En una relación con un/a narcisista, hay un punto de inflexión que poco tiene que ver con los valores personales de este/a. Sencillamente tiene que ver con que das una señal de afecto que le hace entender que te ha atrapado. Ya estás en su telaraña y es hora de cocinarte. Con frecuencia, esa señal de afecto es una de las siguientes:

  1. Le dices te quiero por primera vez (aunque él o ella ya te lo hubiera dicho antes)
  2. Le haces un regalo
  3. Haces algo que rompe un poco vuestra rutina (le propones un viaje, lo vas a buscar al trabajo, lo contactas por otro medio distinto al habitual…). Él o ella siente que “has roto las normas” o te has salido un poco de lo establecido y necesita poner en orden las cosas de nuevo, aunque lo que hayas hecho sea una tontería.

Ante tu muestra de afecto o tu iniciativa, todo cambiará y caerás en la fase de la devaluación.

 

¿En qué consiste la fase de la devaluación?

El/la narcisista se enfadará o se pondrá triste, y luego empezará a mostrarse decepcionado/a. Tú no entenderás nada, pero al tener como punto de referencia esa iniciativa que tomaste, entenderás que tienes que compensar esa “rapidez” o “torpeza” con la que supuestamente actuaste y que lo mejor será dejar que él o ella leve el ritmo de la relación.

Teniendo eso en cuenta, tú te quedas sin demasiadas opciones. Ya que no puedes decidir nada en la relación, sin querer entrarás en un bucle psicológico que te llevará a “mejorarte a ti mismo/a” hasta que el/la narcisista te acepte de nuevo. Porque sí, quizás seguís en la relación, pero sientes que que ya no le gustas y que está profundamente decepcionado/a contigo.

 

¿Cómo manifiesta el/la narcisista esta decepción?

Además de la reacción a tu supuesta iniciativa incorrecta (que a veces ni siquiera existe), durante la fase de devaluación va a empezar a mostrar diversas conductas:

  1. Ya no te idolatra, se muestra indiferente ante ti.
  2. Cuando le cuentas algo (puede ser gracioso, triste o alegre), no expresa la emoción que sabe que toca, te priva de ella. Solo muestra una cara neutra y actúa como si lo que dijeras fuera decepcionante o no cumpliera con sus expectativas. ¿Le has contado un chiste? No le hace ninguna gracia. ¿A alguien le ha ocurrido algo triste? Su cara seguirá absolutamente neutra. ¿Tu amiga va a tener un bebé? Pues como todo el mundo, ¿cuál es la noticia?
  3. Te corrige constantemente cuando intentas decirle algo. Te interrumpe para robarte la energía. Mientras hablas parece estar buscando la forma de destrozar tus argumentos o de encontrar una incongruencia. El mensaje que te transmite es: “Tú siempre con tus errores y haciendo las cosas de cualquier manera”.
  4. Está triste y desmotivado/a, dice que no hay nada en su vida que le haga ilusión o que vaya bien. Entonces no sabes si es que lo vuestro tampoco va bien o es que para él/ella no es importante.
  5. Habla de amor y de relaciones como si estuviera soltero/a. Hace comentarios como “cuando conoces a la persona de tu vida…” o “cuando estás realmente ilusionado con alguien…”, como si vosotros estuvierais muy lejos de eso. Puede que en estas circunstancias, después del love-bombing, diga que solo sois amigos o que nunca quiso tener una relación.
  6. Se muestra alegre con todo el mundo excepto contigo.
  7. Si intentas alegrarle el día, regalarle algo o hacer o decir cualquier cosa que le hubiera gustado hace un mes, “ya no le gusta, no tienes ni idea de cómo es y tus soluciones y propuestas no le sirven si eres tú quien las ha pensado”.
  8. Intenta contagiarte ese profundo sentimiento de tristeza y desmotivación.
  9. Si tienes alguna necesidad, serás tildado/a de inmaduro. Si él o ella tiene una necesidad, intentarás ayudar pero tu ayuda no servirá para nada (ya que tú “no sabes, no entiendes y tus ideas no valen”).
  10. No te tendrá en cuenta para cosas importantes y te hará sentir como un niño/a pequeño/a que no comprende que los mayores están ocupados.
  11. Puede que hable de terceras personas y que te compare directa o indirectamente con ellas.
  12. Sus emociones positivas hacia ti, si aparecen alguna vez, durarán muy poco y serán impredecibles: estarás en una montaña rusa emocional.

 

7 consejos importantes para sobrevivir a la devaluación narcisista

¿Estás pasando por esta fase? Recuerda protegerte y aplicar los siguientes consejos:

  1. Asume que, a la larga, lo mejor va a ser el contacto cero, ya que estas personas no cambian.
  2. No caigas en la trampa de mostrarte siempre “difícil de conquistar” para que te persiga eternamente. No estás ante una buena persona y no debes subestimar sus técnicas. Lo más probable es que acabes cayendo o qué él/ella pase de mostrar amor a mostrar ira y a darte problemas serios.
  3. No dejes tu vida a un lado, así el posible abandono o rechazo no será tan doloroso para ti.
  4. Si te hace sentir celoso/a de una tercera persona, recuerda que lo más probable es que no tenga nada con ella y, en caso de tenerlo, esa persona empezará a pasarlo mal muy pronto y no tienes nada que envidiar, ya que tú, si te lo propones, puedes ser libre y alejarte de/la narcisista, porque ya sabes lo que hay.
  5. Ten claro que su tristeza y su desmotivación no son responsabilidad tuya.
  6. Cuida mucho tu autoestima para poder salir de este tipo de relaciones en cuanto las detectes y no engancharte.
  7. No compitas con el/la narcisista, recuerda que nunca podrás ganar contra una persona que no tiene empatía ni escrúpulos.

 

La devaluación narcisista consiste en hacerte sentir que has hecho algo mal y has decepcionado a esa persona en lo más profundo. El objetivo de hacerte sentir eso es que te deprimas, te esfuerces por recuperar su aprobación y seas más dócil y obediente. -       

¿Te ha servido este post? ¿Has pasado por una devaluación narcisista? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

(¡Por cierto, la imagen es de <a href=’https://www.freepik.es/vectores/triste’>Vector de Triste creado por stories – www.freepik.es</a>!)

 

¡Un abrazo!

Mi pareja siempre me lleva la contraria

Mi pareja siempre me lleva la contraria

Seguramente, el simple hecho de leer el título de este post te habrá provocado agotamiento. Hay personas a las que parece imposible contentar y que se pasan la vida mostrando desacuerdo, juzgando y criticando.

 

Hay formas directas de llevar la contraria:

-Ayer te dejaste la chaqueta.

-No es cierto, ya eran las 0:30. No fue ayer, fue hoy.

 

Y formas más indirectas:

-Esta mañana he ido al cine.

-Has ido al cine y has visto una película.

 

La intención del que responde es la misma: corregir y reafirmar que su punto de vista es el válido, ya sea diciendo que te has equivocado o que no has dado toda la información.

¿Y qué decir de quienes muestran emociones que anulan o absorben las nuestras? Sí, esas personas tan molestas a las que les cuentas algo con ilusión y no reaccionan o simplemente parafrasean lo que has dicho pero de una forma completamente neutra. Esa también es una forma de llevar la contraria.

 

¿De dónde nace esa necesidad de contrariar al otro?

Este fenómeno se da básicamente en dos etapas de la vida: entre los dos y tres años y en la adolescencia. Ocurre durante el desarrollo de la personalidad, etapa en la que el niño o adolescente necesita separarse emocionalmente de la familia para existir por sí mismo y reafirmar su identidad. Llevando la contraria se aísla psicológicamente y, en ese espacio que consigue, desarrolla su nueva personalidad: se hace un hueco como individuo. Finalmente, con su identidad formada, vuelve al grupo renovado y con capacidad para adaptarse a él sin perderse a sí mismo.

A menudo, esta necesidad de contrariar todo el tiempo durante la edad adulta nace de una inmadurez emocional: el adulto no ha desarrollado completamente su personalidad y ve la adaptación al medio o a una conversación como un peligro para su integridad. Es decir, en el fondo, piensa que si se fusiona con el grupo se perderá a sí mismo y, por tanto, siente un impulso de reafirmar su identidad diciendo algo diferente a lo que dice el otro o simplemente repitiendo lo mismo de otra manera, para existir de forma independiente.

-¿Crees que podríamos tomarnos un café?

-Opino que podríamos tomarnos un café.

Por si no te has fijado en la sutileza, es una respuesta que podría existir de forma independiente a la pregunta, ya que esta no sería necesaria.

A veces intentan reafirmar su identidad criticando lo que haces. Les preguntas qué les parece algo que has hecho y no dicen nada bueno. Ni siquiera dicen lo malo con cuidado ya que, para ellos, una opinión válida es una opinión contraria, negativa o incluso agresiva y decir que algo les parece bien es adaptarse y, por tanto, parecer débiles y quedar expuestos.

Estas personas pueden llegar a ser muy molestas cuando se comportan así y, especialmente, si lo hacen de forma habitual. Pero puedes pensar que, muchas veces, no es un comportamiento malintencionado sino un impulso que nace de su inseguridad, su baja autoestima y su miedo a no ser nadie dentro de un grupo.

No pretendo justificar el comportamiento, ya que todos tenemos inseguridades y no por eso atacamos a los demás, pero sí tomar en cuenta la fragilidad que se esconde tras esa aparente agresividad.

Los más sibilinos pueden querer hacerse con el hueco que tú sí has conseguido en la sociedad: te contrarían hasta que sientes su inseguridad como tuya y ellos tu antigua seguridad como suya.

También debido a esta inmadurez, algunas veces, tu pareja puede empezar a comportarse así de pronto y de forma insistente para cansarte y conseguir que termines la relación o para empezar a separarse emocionalmente de ti antes de dejarte.

Este comportamiento en la pareja, sea cual sea su motivación, es especialmente doloroso porque te priva del espacio de confianza y seguridad que debería haber en cualquier relación y te recuerda de forma agresiva y constante que no quiere formar parte de vuestro grupo de dos pero sí tener cierto dominio sobre ti: es decir, que estás solo. Acabas perdiendo la espontaneidad y eso tiene efectos muy negativos en ti y en la relación.

Y ahora vayamos al Trastorno Narcisista de la Personalidad.

Cuando el que lleva la contraria en todo tiene este trastorno, debemos entender que, además del problema de inseguridad que mencionábamos, puede existir una intención de hacer daño y de generar rabia y desesperación. Un narcisista puede interrumpirte varias veces durante una frase con la finalidad de que te sientas frustrado y ridículo. Como necesita tu derrota y tu energía como suplemento narcisista, lo hará una y otra vez para nutrirse de tus reacciones.

 

¿Cómo gestionar una situación así?

Sobre todo, recuerda mantener tu calma interior: es el otro, y no tú, quien ha decidido comportarse de ese modo, así que separa esa actitud de tu percepción de ti mismo. Evidentemente, si se trata de tu pareja, tendría que existir la posibilidad de comunicarle cómo te sientes respecto a su actitud en las conversaciones. No obstante, a veces puede ser contraproducente con según qué tipo de personas. Te propongo estas tres opciones, recordándote que, si estás con una persona narcisista, a la larga, lo mejor será el contacto cero.

  1. En mi opinión, cuando un adulto te lleva la contraria sistemáticamente, a no ser que ames el debate infinito y el enfrentamiento, lo mejor que puedes hacer es utilizar el método de la piedra gris: no reaccionar a sus provocaciones y decir solo lo estrictamente necesario, dejando que se aburra de ti.
  2. También puedes finalizar la guerra diciéndole abiertamente que te está llevando la contraria.
  3. O, si tienes mucha paciencia, puedes buscar una idea que tengáis en común y evitar el enfrentamiento de ese modo, empezando a construir desde ahí.

Las personas emocionalmente inmaduras pueden tener rasgos compatibles con el narcisismo, ya que todavía tienen esa sensación de ser el centro del universo y de que los demás están a su favor o en su contra, sin puntos medios, y no han desarrollado completamente la capacidad de empatía. Por tanto, los dos primeros métodos suelen ser eficaces con ambas clases de personas, ya que todas suelen buscar atención y aprobación. No obstante, cabe destacar que, si hablamos de una persona muy muy inmadura, podría estar buscando límites y la forma de atajar la situación sería hacerte respetar mostrándote más autoritario o haciéndole ver que su comportamiento tiene unas consecuencias. Y, a veces, ese límite o consecuencia es la ruptura.

En cuanto a la tercera opción, con según qué tipo de personas, puede resultarte imposible llegar a alguna idea en común ya que, digas lo que digas, sentirán un fuerte impulso de contrariar. Así que este método, probablemente, solo te funcionará con personas empáticas que por algún motivo estén a la defensiva en un tema concreto y tengan miedo a cambiar de opinión.

 

A menudo, las personas que llevan la contraria sistemáticamente lo hacen por inseguridad y para reafirmar su identidad: solo así sienten que existen por sí mismas. -       
 

¿Te ha ocurrido alguna vez? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

La disonancia cognitiva en las relaciones de abuso

La disonancia cognitiva en las relaciones de abuso

Una disonancia cognitiva es una incongruencia mental. Se da cuando dos ideas incompatibles (y que tienen la misma fuerza) conviven en tu cabeza.

Por ejemplo: “No soy nadie sin mi pareja” y “Mi pareja me está haciendo daño”.

Nos gusta sentir que nuestro comportamiento es coherente con lo que pensamos y, si no lo conseguimos, nos autoengañamos. Quizás me gustaría dejar a mi pareja, pero no puedo, porque tengo la firme creencia de que sin ella no soy nadie.

Entonces se cruza otra idea: “La gente que no es capaz de dejar a su pareja es débil”.

Si no soy capaz de dejar a una persona que me hace daño, puedo decidir, a partir de ahora, pensar que esa persona no es dueña de sus actos. Eso querrá decir que no es que yo sea débil, sino que soy muy buena persona o que en realidad no hay ningún problema.

Otro ejemplo podría ser: “A mi pareja le gusta pasar tiempo conmigo” y “Mi pareja siempre lo hace todo sin mí”. 

Las disonancias cognitivas pueden crear mucho malestar, y el autoengaño puede llegar a ser muy grande con tal de no enfrentarnos a ese desequilibrio.

A menudo, una de las dos creencias o ideas habla tan mal de nosotros mismos que no queremos ni ser conscientes de ella. Si creo que no soy nadie sin mi pareja, probablemente no lo pensaré tal cual. Simplemente sentiré un gran impulso hacia ideas alternativas que tapen o disminuyan la creencia de que mi pareja me está haciendo daño. Mucho mejor pensar que eso es mentira para no tener que enfrentarme a la verdad: no me siento capaz de romper con la otra persona.

De vez en cuando, podemos observar disonancias cognitivas o autoengaños desde el inicio de una relación. ¿Alguna vez has escuchado a alguien hablar de forma obsesiva sobre otra persona y luego te ha asegurado que no siente ningún tipo de atracción hacia ella? Probablemente su cerebro, por algún motivo, no le permite mostrarse obsesionada con una relación. Entonces ella muestra la obsesión pero dice que se trata de alguien que no le gusta.

En las relaciones de abuso, hay ciertas creencias que son especialmente dolorosas y difíciles de gestionar. Por eso, el discurso de las personas maltratadas suele estar lleno de disonancias cognitivas. Especialmente, cuando se trata de la visión que tienen de la persona maltratadora o de sus motivos para seguir con ella.

Es frecuente oír cosas como “Es que tiene un pronto incontrolable, pero es una buena persona”, o “Tiene dos personalidades distintas”. Eso suele ocurrir porque, además de que no queremos dejar esa relación, damos más importancia a las ideas que aprendimos primero y tenemos tendencia a descartar aquello que no encaje con la estructura que ya tenemos construida. 

 

¿Puedo ayudar a alguien que tiene una disonancia cognitiva?

Es importante tener en cuenta que, cuando una persona tiene una gran disonancia cognitiva y se encuentra mal, no es una buena idea decirle lo que no quiere ver. Ella no está preparada para enfrentarse a esa verdad y ponérsela delante solo hará que su mundo se derrumbe y que busque formas de tapar de nuevo esa creencia, gastando mucha más energía y encontrándose mucho peor. Si yo me siento débil para dejar a una persona y tú me dices “No es que no tengas motivos para dejarla, es que eres débil y no puedes”, yo me voy a sentir muy mal y voy a hacer lo posible por olvidarlo, usando las estrategias que puedo usar desde esa parte frágil: cerrarme y seguir luchando por lo que quiero.

Imagina que tienes un peluche de hace años del que no sabes si desprenderte. Lo coges, un poco indeciso/a, y sales a pasear pensando que quizás lo dejas en la basura. Por el camino empieza a llover y tú, instintivamente, lo proteges contra tu pecho. Empieza a granizar y tú decides volver a casa con tu peluche, al que todavía quieres más que antes.

¿Crees que la lluvia que iba a atacar a tu peluche ha hecho que quieras desprenderte de él?

Bien. Pues muchas veces ocurre que vemos a alguien que se plantea dejar una relación o que empieza a tener dudas, y lo que hacemos es convertirnos en lluvia y granizo. Atacamos a la persona, y a la pareja, echamos toda nuestra rabia, esperando que ese sea el toque final necesario para lograr que la relación se rompa. No obstante, lo único que provocamos es despertarle ese instinto de protección y hacer que le dé más pena todavía, aferrándose más a la relación.

Porque damos por hecho que si sigue con esa persona es porque aún le gusta y queremos conseguir que deje de gustarle. Pero, ¿y si lo que siente es una profunda lástima? Convertir a su pareja en la víctima de nuestras críticas no hará que deje de darle pena. No podemos deshacer una disonancia cognitiva sin saber qué idea es la que esa persona no está preparada para aceptar, ya que para ella puede ser terrible y totalmente contraproducente. Si ella pudiera aceptar la realidad, no se encontraría así de mal ni estaría en esa situación.

Cuando estamos delante de alguien que tiene una disonancia grave, lo mejor es decirle que acuda a un profesional que le ayude a aclarar sus ideas y a sentirse mejor. Recuerda que no se trata de alguien que busca los pros y contras de elegir una cosa u otra, se trata de una persona en un estado psicológico muy delicado y que necesita ayuda.

Este mecanismo de defensa es muy común en las adicciones. Si una persona quiere estar sana y también quiere seguir fumando, quizás empiece a defender que lo más importante del mundo es estar delgada y que dejando de fumar engordaría.

 

¿Cómo puedo saber si tengo alguna disonancia cognitiva?

Hay tres señales que pueden indicar que estás luchando contra una disonancia cognitiva:

  1. Te encuentras mal físicamente: tienes ansiedad, dolores de cabeza, confusión, palpitaciones, mareos o más vértigo del que habitualmente suelas tener.
  2. Llevas un tiempo buscando argumentos para justificar alguna acción que no encaja con tus valores.
  3. Evitas ciertas situaciones que, no sabes por qué, te generan mucho malestar: tienes la sensación de que hay una realidad terrible a la que no quieres ni acercarte y que, a veces, estás a punto de descubrir.

Si estás en una relación complicada y te encuentras en una incongruencia mental que te impide sentirte bien o hacer tu vida de la forma habitual, lo mejor es que pidas ayuda para resolverla de la forma más fácil y llevadera según tu caso.

 

Decimos que experimentamos una disonancia cognitiva cuando tenemos dos ideas contradictorias igual de importantes o nuestro comportamiento no es coherente con nuestros valores y creencias y eso nos genera un malestar. Al no querer (o no poder) librarnos de la primera creencia o del comportamiento que llevamos a cabo, buscamos excusas mentales para seguir comportándonos así sin sufrir. -       

¿Te ha servido este post? ¿Has tenido o tienes alguna disonancia cognitiva? ¿Alguna vez has intentado que alguien resuelva la suya? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

El ego en la seducción: la fina línea entre hacerse el/la interesante y dejarse pisar

El ego en la seducción: la fina línea entre hacerse el/la interesante y dejarse pisar

 

Hay miles de publicaciones que aconsejan hacerse el/la interesante como técnica de seducción. Esto, en la mayoría de casos, significa “ensalzar tu ego” y mostrarte imperturbable. Es decir, hacerle ver a la otra persona que no te importa tanto, cortar la comunicación si pasa algo que no te gusta, fingir que no te das cuenta si tarda en contestar un mensaje, no mostrar tu frustración si anula una cita, no hablar de tus emociones ni dejarte conocer demasiado, actuar como si solo fuerais amigos, etc.

Pero ojo, una cosa es no mostrar todas tus cartas o ser un poco misterioso, y otra muy distinta es llevar ese juego al límite y acabar haciendo y haciéndote daño. Y es que parece que, a estas alturas de la humanidad, es necesario recordar que tener emociones no es malo y que mostrarlas es la forma más rápida de hacerse respetar por los demás. Fingir que nada te importa es cosificarte y salir de la categoría de persona.

A veces, conocemos a alguien y entramos en una dinámica desafiante. Él cambia de planes a última hora, tú finges que no tiene importancia ni estabas ilusionada con la cita. Ella te habla abiertamente de otro chico, tú la animas a intentarlo con él y te muestras indiferente. Es una forma de decirle al otro: “ya verás como yo voy a ganar el juego”. Pero, ¿qué juego? Pensar que estáis jugando implica que hay un ganador y un perdedor y que, en este caso, el ganador es el que consiga ser más cruel y el que menos se ablande.

Y así es como te haces daño y te conviertes en una persona vacía. Así es como acabas en relaciones de poder, fingiendo indiferencia ante comportamientos denigrantes y permitiendo más de lo que deberías. Así es como acabas aceptando que te dejen para lo último, o acudiendo a una cita con alguien que no te contesta los mensajes desde hace 3 meses porque, ¿acaso vas a admitir que te ha molestado que no lo hiciera?

Si estás en una cita con alguien y ese alguien flirtea abiertamente con otra persona delante de ti, por favor, no le des a entender que puede hacerlo ni te muestres indiferente, a no ser que de verdad no te importe. Si no te asegura a qué hora vais a quedar porque aún no sabe qué le apetece hacer, no le digas que no te molesta esperar en casa a que se decida. La clave es que no mientas para hacerte el/la interesante. Sobre todo porque no responder ante un ataque no te hace interesante, más bien te hace maleable.

Entrar en un juego de este tipo con una personalidad psicopática o narcisista, puede acabar contigo. Y jugar con una persona empática te llevará a perder su interés. Porque a las personas les gustan otras personas, no los robots. Además, puedes despertar el sentido de competencia del otro y hacerlo entrar en una secuencia de comportamientos dañinos para ti con el fin de provocarte alguna emoción.

 

4 personas a las que les salió mal el juego

A continuación, cuatro testimonios de personas que llevaron demasiado lejos sus intentos de ensalzar su ego y dañaron su autoestima:

“Un día, hablando con mi ex, intenté sonsacarle si ya estaba con otra persona. Insistí y le dije que ahora éramos amigos y que me podía contar cualquier cosa. Él acabó describiendo al detalle su última noche de pasión con su nueva conquista. Fingí que no me importaba y seguí haciéndole preguntas. Cada cosa que decía era una puñalada.”  (D. 28 años)

“La chica que me gustaba, frecuentemente, me abría conversación y me preguntaba por mis planes de esa noche. Yo le decía que estaba libre y ella pasaba hasta una hora en línea sin acabar de concretar. Yo sabía que estaba valorando otros planes pero no quería exigirle una comunicación más ágil para no parecer desesperado.”  (H. 32 años)

“Una vez, una chica me dijo que se aburría mucho conmigo y que yo tendría que cambiar mi personalidad. Yo seguí quedando con ella y acompañándola a todas partes, y no cambié en nada para que no pensara que me había afectado su comentario.” (R. 32 años)

“Salí con una mujer casada que decía que detestaba a los hombres celosos. Así que me hice el fuerte miles de veces y la escuché mientras me hablaba de su marido. Un día me pidió que la llevara en coche a un centro comercial para comprar el regalo de cumpleaños de él. Lo tuvo al teléfono mientras yo esperaba y aguantaba sus bolsas. Nunca me había sentido tan utilizado.”  (L. 44 años)

 

¿Cómo evitar la trampa del ego?

Para cuidar de ti mismo/a y no caer en este tipo de juegos, recuerda…

  1. Tener emociones te hace poderoso/a, no débil
  2. Las emociones son atractivas
  3. No tienes que hacerte el/la interesante, porque ya lo eres
  4. El otro ya sabe que si te trata mal te duele, aunque finjas lo contrario
  5. Si necesitas ensalzar tu ego, probablemente es porque necesitas subir tu autoestima
  6. Si alguien te falta al respeto tienes que pronunciarte
  7. “El juego” lo gana quien no se hace daño, no quien finge o ataca mejor
  8. Las relaciones consisten en crear algo beneficioso para todos los implicados
  9. Si alguien quiere hacerte daño, no intentes conquistarlo, vete
  10. Cuando dudes de una de tus conductas seductoras, pregúntate si realmente enriquece tu autoestima o es un intento de ensalzar tu ego

 

En seducción, hacerte el interesante lleva implícita la creencia de que no lo eres. -       

¿Te ha servido este post? ¿Alguna vez te has visto envuelto/a en uno de estos juegos? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

10 actitudes que delatan a alguien que te envidia en secreto

10 actitudes que delatan a alguien que te envidia en secreto

Quizás alguna vez te has sentido despreciado o infravalorado por alguien, y otras personas te han sugerido que lo que le ocurre a ese alguien es que te tiene envidia. Tú, pensando que no es posible, sigues en contacto con la persona envidiosa y tu autoestima va cayendo en picado.

Te hace comentarios aparentemente constructivos sobre lo que haces, consigues y te propones. Algunos comentarios son claramente negativos y otros llevan una pizca casi imperceptible de malicia. Lo cierto es que se te quitan las ganas de hablar con esa persona y de contarle tus cosas. Por otra parte, te preguntas si realmente haces todo tan mal. ¿Cómo saber si te tiene envidia o el problema eres tú?

 

10 actitudes que delatan a alguien que te envidia en secreto

 

1. Minimiza o pone en duda tus logros: para restar importancia a lo que has conseguido, o para autoconvencerse de que no está por debajo de ti, cuando consigues algo te dice que no hay para tanto, que simplemente tuviste suerte, que lo has conseguido de algún modo no ético o que te has saltado alguno de tus valores.

2. Exagera lo que consigues: parece que felicitar muchas veces a alguien es darle valor pero, ¿qué ocurre si felicitamos en exceso a una persona por algo muy pequeño? Probablemente pensará que estamos siendo irónicos. Otra variante de este comportamiento sería minimizarte directamente a ti: “está muy bien que hayas conseguido leer un libro, especialmente tú que no eres muy inteligente. Muy bien, muchas felicidades”.

3. Te recuerda que llevabas mucho tiempo sin conseguir nada: “¿Has acabado la carrera? Me alegro mucho de que al fin tengas un poco de suerte en algo”.

4. Te hace un “halago amargo”: te halaga por algo que haces bien, insertando en su frase una crítica. Por ejemplo, te dice que has hecho un trabajo estupendo y que no entiende por qué los demás compañeros han estado criticando tu proyecto a escondidas.

5. Te aconseja mal a propósito: si le dices que te gustaría comprarte un coche pero que no te llega y no quieres ir angustiado a final de mes, te dirá que vendas tu casa y te compres el coche. Si, en cambio, le dices que has estado unos años ahorrando para el coche y ahora que ya tienes el dinero te sientes un poco culpable por gastártelo, te dirá que mejor no lo compres, que ahorres para arreglar tu casa.

6. Cuando estás apunto de lograr algo, te dice todo lo que podría salir mal: si ve que estás apunto de conseguir el trabajo de tus sueños y que al fin te dará la estabilidad que tanto has anhelado, te preguntará si de verdad te crees capaz de hacerlo y si estás dispuesto a perder otras oportunidades. Es una táctica para crearte inseguridad y que no sigas hacia delante.

7. Te impone objetivos: ¿le has comentado que te gusta ir a bailar aunque no te salga del todo bien? A partir de ahora, cada vez que os veáis, te preguntará si ya te has apuntado a clases para aprender. ¿Estabas aburrido/a y has pintado un bigote sobre una foto de un señor? La persona envidiosa te comentará que si te gusta dibujar te puedes proponer apuntarte a un curso de dibujo. Entonces le dices que solo te estabas entreteniendo y que no te gusta tanto dibujar. Pero no importa, el tema de tus clases de dibujo volverá a salir una y otra vez, otros días. Al final, algo que te divertía te hará sentir poco formado y puedes llegar a desmotivarte.

8. Cuando has logrado un objetivo, el envidioso intenta convertirse en el centro de atención: sabe que has conseguido algo bueno y no se le ocurre nada que pueda quitarte mérito. En ese caso, opta por decirte que está triste por otra cosa o que una vez consiguió algo mejor, porque no soporta que seas el/la protagonista y así consigue desviar tu energía hacia él/ella y alivia un poco su sentimiento de inferioridad.

9. Sube el listón hasta el infinito: un día te ve escribir una postal y te pregunta si algún día vas a escribir un libro. Si, después de hacer muchos cursos sobre algo consigues un certificado, te sugieren que estudies la carrera entera. Si acabas la carrera, te dicen que eso es maravilloso, que a ver cuándo empiezas el máster. Si te compras una casa, te dicen que por algo se empieza y que algún día podrás tener un chalet.

10. Cuando estás alegre por haber conseguido algo, te dice que a él/ella no le interesa conseguir eso porque no está alineado con sus valores: “¿estás alegre porque tienes ropa nueva? Ah, es que como yo no soy materialista no lo entiendo, yo creo que el valor de las personas está en el interior” “¿Te ha tocado la lotería? Bueno, pues nada, que la disfrutes… A mí no me gustaría que me tocara, me gusta ganar el dinero por mí misma, sentirme capaz de conseguir cosas, no me gusta sentir que no valgo nada y que me lo están dando todo hecho.”

 

¿Y si realmente esa persona piensa que haces todo mal?

 

Si una persona es buena y te quiere, querrá lo mejor para ti. No disminuirá tus logros, no te recordará tus fracasos cuando estés alegre, no te aconsejará cosas que podrían ponerte en un claro peligro.

Si una persona piensa que haces todo mal pero no le afecta personalmente, no insistirá en rebajar tu alegría cuando consigas algo, no tendrá la necesidad de darte consejos maliciosos, de hacerte comentarios negativos ni de supervisar todo aquello que haces con tu vida privada. Si lo hace, se trata de una persona maleducada y entrometida. Cuando la frase “te lo digo por tu bien” viene de alguien a quien no le importas en absoluto o con comportamientos envidiosos, por favor, no te tomes completamente en serio sus palabras.

Maximo Tuero, en su texto No seas tan sincero, escribió un mensaje para las personas que “regalan” su opinión con fines egoístas:

<<Cuando nuestra sinceridad es capaz de bajar una autoestima, mejor quedémonos en silencio. Cuando nuestra “opinión” es capaz de desmotivar a alguien, mejor quedémonos en silencio. Cuando nuestra “crítica constructiva” es capaz de disminuir a alguien, mejor quedémonos en silencio. Porque “verdades” sin empatía y amor son conveniencias emocionales para satisfacer nuestro ego.>>

 

<<No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra>>. Gandhi. -       

¿Has conocido a alguien que tuviera este tipo de actitudes? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

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