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La depresión navideña: 6 causas y 7 soluciones

La depresión navideña: 6 causas y 7 soluciones

La depresión navideña, también conocida como depresión blanca, es un tipo de trastorno estacional que aparece en algunas personas al llegar estas fiestas. Se suele manifestar como un sentimiento de tristeza y cierta desmotivación ante la idea de celebrar la Navidad.

No son pocas las personas que se sienten así y tampoco son pocas las que pierden la ilusión al verse envueltas de familiares que no cooperan. Al final, unos se retroalimentan a otros y puede acabar creándose un fuerte rechazo hacia estas celebraciones.

 

¿A qué se debe la depresión navideña?

 

A continuación, mencionamos las 6 causas más comunes que te pueden llevar a tener estos sentimientos de tristeza y desmotivación cuando se acercan estas fechas:

1. Hemos perdido conciencia del significado de la Navidad

Es importante señalar que, hace años, la Navidad tenía un significado totalmente religioso y se celebraba el nacimiento de Jesús. Las personas estaban contentas recordando y celebrando este hecho. No obstante, en la actualidad, la tradición de juntarse en estas fechas ha adquirido, para muchos, un significado diferente: son fechas para reunirse y fortalecer la unión familiar, olvidando el origen de la celebración. Por este motivo, la gente puede estar triste si falla alguno de los componentes que acompañan ahora a “la nueva Navidad”.

Es como si a una persona muy religiosa le dijéramos que, en realidad, Jesús nació otro día. Ella, inmediatamente, querría cambiar de fecha la celebración. Entonces, si a una persona que ha aprendido que el significado de la Navidad es familiar le decimos que ya no están todos sus familiares, quizás sentirá que la fiesta ya no tiene sentido y la verá como “el aniversario del día en que se juntaban todos”, cosa que, evidentemente, la pondrá en contacto con la tristeza. Seguramente, querrá pasar de puntillas por estas fechas y no celebrar nada.

2. Echamos de menos a algunos familiares

La depresión navideña no suele darse en niños debido a que, en general, cuando somos pequeños, tenemos en nuestra mesa a muchos más familiares que cuando vamos creciendo. Antes la gente tenía más hijos, recorría muchos km para juntarse ese día con sus familiares y no existían los móviles que ahora nos distraen y distancian de los de la mesa. Además, a eso se le suma que, a medida que vamos creciendo, inevitablemente perdemos a algunos parientes, puede ser porque han fallecido o porque hemos perdido el contacto con ellos.

Ahora nos juntamos y nos es difícil obviar esas pérdidas, al mismo tiempo que prestamos menos atención a los que todavía siguen con nosotros, sin pensar que eso nos podría ayudar a seguir disfrutando de estas reuniones.

3. Parece obligatorio ser feliz

Parece que todo el mundo es feliz en Navidad. La gente sonríe, por la calle y por la tele. Entonces, ¿será que nosotros somos los raros?

Debido a esta publicidad que se da a estas fechas, es posible que nos sintamos solos en nuestro sentimiento o que pensemos que tenemos que disimular y dar la talla para que otros familiares no lo pasen mal o, simplemente, para no ser diferentes.

4. Hay que comprar regalos

Por otra parte, con la edad, desaparece ese sentimiento de magia que teníamos al pensar en los Reyes Magos y aparece el estrés de tener que gastar dinero, acertar con los regalos y comprarlos todos a tiempo.

La magia puede dejar lugar a la depresión del consumismo, a sentir que nos quedamos sin nada o que las compras no tienen sentido.

5. No tenemos ganas de reunirnos con algunas personas

Si bien podemos echar de menos a algunos familiares, es posible que tengamos que asistir a algún encuentro demasiado protocolario o con alguien con quien tengamos problemas. Quizás no nos apetece encontrarnos con ese cuñado inoportuno o con esa tía que nos pregunta delante de todos si ya hemos solucionado nuestros problemas de ansiedad.

En algunas familias, las reuniones parecen una exhibición de logros y cada uno aprovecha para sacar y mostrar sus más coloridas plumas. Quizás no te sientes cómodo/a con ello. O, lo peor de todo, quizás hay algún personaje no empático en tu mesa.

6. Se acaba el año y, quizás, no estamos satisfechos con lo que hemos conseguido

Con estas fiestas acaba también el ciclo anual. Es probable que te pongas a recapitular aquellas cosas que te propusiste en enero y que hagas especial hincapié en aquellas que no pudiste conseguir. ¿Lo conseguirás este año? ¿Has cambiado tus objetivos? ¿Pusiste mucho empeño en un objetivo que finalmente abandonaste? Son preguntas que pueden pasar por tu mente.

 

 

¿Cómo hacer para aliviar este sentimiento de tristeza?

 

1. Recuerda enfocarte en las personas que todavía están contigo, en vez de hacerlo en aquellas que perdiste. Quizás al principio sea difícil, pero si consigues dirigir tu atención hacia lo positivo luego te saldrá sin esfuerzo.

2. Si tienes niños pequeños, puedes aprovechar eso para coger fuerzas: puedes centrarte en que se lo pasen bien y en crear esa magia para ellos. A veces, adoptar un rol distinto en una situación puede hacer que superemos nuestra tristeza. Además, estar física y emocionalmente ocupados nos ayuda a contrarrestar las obsesiones. 

3. Entre adultos no es necesario fingir. No tienes que dar la talla ni ser el/la más feliz de la mesa. Si estás triste, estás triste. Eso te quitará presión. Una cosa es boicotear o mostrarte no cooperador, y otra ser humano.

4. Por otra parte, recuerda que, si hablas de cosas bonitas, probablemente se te sume alguien. Si sois unos cuantos los que os sentís tristes, no conviene crear una conversación que fomente esa tristeza. 

5. Si una reunión te pone especialmente triste, o hay alguien que siempre consigue incomodarte, recuerda que puedes decidir no ir. Quizás no acabes de creértelo, pero así es. No estás realmente obligado/a a asistir a ninguna reunión, a menos que estés a cargo de alguien. Y tampoco estás obligado/a a decir el verdadero motivo por el que no vas.

6. En cuanto a los regalos, decide si quieres unirte a eso de dar y recibir regalos o no te apetece. Si es que sí, intenta organizarte con un poco de tiempo para no gastar más de lo que querrías y para comprar algo más acertado para cada uno/a. Eso te dará tranquilidad.

7. No pierdas de vista que puedes generar tu propia idea sobre estas fiestas. Puedes aprovechar para hacer limpieza y empezar el año como nuevo/a (es una tradición japonesa), también puedes retomar el contacto con viejos amigos aprovechando la excusa de felicitarles las fiestas, puedes hacer manualidades de toda clase (tarjetas, elementos decorativos, las posibilidades son infinitas), puedes hacerte un cambio de imagen para despedir el año… ¡Tú decides! 

 

La depresión navideña es un problema mucho más común de lo que crees. No esconder lo que sientes te quitará presión y aliviará tus sentimientos. -       

¿Te ha servido este post? ¿Alguna vez has tenido síntomas depresivos en Navidad? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

¿Por qué cuando estamos deprimidos la gente nos trata peor?

¿Por qué cuando estamos deprimidos la gente nos trata peor?

 

Tengo dos gatas, una de 13 años y otra de 7. La mayor siempre ha sido la dominante y la pequeña ha tenido que conformarse con ello. Hace un par de meses la mayor se puso enferma y empezó a estar más débil. La pequeña, en cuanto olió la enfermedad, empezó a conquistar el territorio. No contenta con eso, empezó a molestar y a atacar a la otra, incluso cuando esta no se enfrentaba y estaba tranquilamente comiendo. Cuando la pequeña pasaba cerca de la mayor, parecía tener un instinto que la empujaba a ponerse agresiva.

Probablemente, si Darwin estuviera vivo, diría que solo los animales sanos están preparados para sobrevivir y hacer evolucionar a la especie, y que los enfermos se van quedando atrás. Eso de cuidar a los que están enfermos o débiles es algo puramente humano. Los animales, en cuanto ven la oportunidad de ganar territorio o de hacerse con el poder, lo hacen y ya está. Sin remordimiento. Pero, ¿seguro que los humanos cuidamos a los débiles?

Parece que exista un instinto, un impulso o una obligación inconsciente de atacar a quien está un poco débil, especialmente en lo emocional. En cuanto hay una persona deprimida en un grupo, con frecuencia podemos observar cómo el resto se atreve a juzgarla, criticarla o dirigirse a ella de malas maneras. Es como si vieran una oportunidad de ponerse por encima y la aprovecharan.

Fuera de los típicos grupos de clase o de trabajo, también están las familias. Es curioso como a veces la propia familia machaca a su familiar deprimido para que se cure, y otras veces hace todo lo que este pide. Esto suele tener que ver con la cantidad de tiempo que dure la depresión y con la personalidad de quien está enfermo. Normalmente, las personas deprimidas que muestran actitudes más agresivas hacia quienes están a su alrededor obtienen un mejor trato, ya que serían apreciadas como más fuertes. En cambio, las personas más pasivas suelen recibir comentarios menos amables e, incluso, que agravan sus heridas. Por supuesto, una persona con depresión está más sensible y puede interpretar ciertos comentarios sin importancia como ataques directos pero, algunas veces, podemos observar que una persona está triste y, como por arte de magia, justo atraviesa una época en la que es blanco de diversidad de críticas, actitudes hostiles y sucesos desafortunados.

Hay que ser muy fuerte para ayudar a una persona que tiene una depresión y, especialmente, para evitar caer en esa conducta animal que nos lleva a pisar a los débiles.

La persona deprimida pasiva, en cuanto ve que es tratada con hostilidad, puede empezar un proceso de aislamiento para proteger sus emociones, ya que cuando las comparte no sale bien parada. Entonces empieza a oír comentarios del tipo:

  • -Es que te aíslas y no nos cuentas las cosas.
  • -Es que no haces nada por estar bien.
  • -¿Por qué no sales con tus amigos?
  • -Entiendo que estés triste, pero, ¿no puedes sonreír un rato?
  • -Como tú estás mal, yo también estoy mal.
  • -No llores.
  • -Solo piensas en ti.
  • -Si estás alegre la gente tendrá más ganas de estar contigo.

 

Quizás ahora tengas en mente a alguien tóxico que se aprovechó de tu ayuda. Pero no. No estamos hablando de personas que se quejan todo el rato y por costumbre. Ni de personas manipuladoras que tienen la autoestima baja e intentan hundirnos. Tampoco de quienes siempre tienen un problema que contar y, cuando necesitamos algo, desaparecen. Estamos hablando de personas que están tristes y que, por lo general, solo necesitan dos cosas: apoyo y respeto.

Hay quienes, en la línea del comportamiento animal, creen que una mayor rigidez o un peor trato pondrán en marcha la agresividad de la persona deprimida y así se curará. Pero, normalmente, cuando ocurre esto, el cuidador ya no está pensando en cuidar, sino en estar bien. ¿Y qué hay de cuando alguien está llorando y aprovechamos para decirle que, además del problema que le preocupa, tiene muchos otros y que debería tener otra actitud y disculparse con nosotros por lo que nos hizo hace tres años? Más de lo mismo: vemos una fragilidad y un terreno fértil, y aprovechamos nuestra ventaja en ese momento para imponer nuestra voluntad, como si fuera obligatorio atacar.

Es importante tener presente que, por cuestiones biológicas, puede ser tentador hablar mal o ponerse por encima de una persona que está triste, ya sea porque estamos cansados de ayudarla, porque en ese momento no conseguimos empatizar con ella o porque nosotros ya hemos superado el problema que tiene y vemos ahí la oportunidad de mostrarnos superiores o agresivos. En realidad, tenemos la opción de no opinar constantemente sobre el problema de esa persona, e incluso de no ayudarla, y estaremos siendo mucho más amables y colaboradores que si perdemos la paciencia o actuamos de forma agresiva.

 

A veces, las personas con depresión son víctimas de un trato inadecuado. Esto se puede deber a un instinto animal que nos empuja a atacar de algún modo a quien está más débil que nosotros. -       

¿Te ha servido este post? ¿Te has sentido identificado/a con los comportamientos descritos? ¿Alguna vez has sufrido en primera persona esa agresividad por parte de los demás? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

 
 

 

Claves para afrontar la depresión… de tu pareja

Claves para afrontar la depresión… de tu pareja

 

Asumiendo el reto

Tu pareja tiene una depresión y sabes que te necesita. Al principio te lo tomaste con optimismo y pensaste que podríais superarlo, que tu apoyo, paciencia y comprensión serían suficientes para sacarla de su estado. Luego viste que no, y pensaste que le estabas dando demasiadas cosas y que tenías que ser más rígido/a. Finalmente te diste cuenta de que empezabas a sentir rechazo hacia esa persona y tu ayuda y empatía iniciales se convirtieron en actitudes negativas.

Por una parte, sabes que tienes derecho a cuidarte y protegerte y, por otra, la culpa te persigue. Necesitas personas fuertes a tu lado que te ayuden a mantener el tipo y, cuanto más te ayudan, más pones en duda los sentimientos hacia tu pareja.

La depresión es una enfermedad que afecta a la persona que la sufre y a sus allegados de una forma muy intensa, generando un gran desgaste.

 

¿Sabes por qué te enfada que tu pareja esté deprimida?

 

Los hábitos se contagian

Suele ocurrir que, cuando se forma una pareja, las dos personas tienen hábitos diferentes y, al cabo del tiempo, van cambiando y terminan adquiriendo los mismos. Por ejemplo, si una de las dos es muy deportista y la otra muy sedentaria, lo más probable es que acaben pasándose las dos a un extremo, o que la deportista baje el ritmo y la otra lo suba. Lo mismo puede ocurrir con las rutinas de alimentación o de limpieza. En pareja, especialmente si hay convivencia, los hábitos tienden a equilibrarse, porque cuesta mucho esfuerzo no mimetizarse en algún punto con el otro.

¿Cuándo te cuesta más madrugar, cuando duermes solo/a o cuando hay alguien a tu lado que sigue durmiendo?

Una persona que sufre depresión tiene tendencia a abandonar los buenos hábitos, y eso puede provocar que su pareja tenga que esforzarse el doble para mantener los suyos.

 

Quizás te estás tomando su resistencia como algo personal

Es un hecho que la depresión crea en la persona enferma pensamientos y actitudes que mantienen la patología. A veces, comentarios como “no encuentro motivos para vivir” o “necesito una motivación para seguir luchando” pueden hacer que te sientas poco importante.

También puede ocurrir que otra persona consiga motivar cambios y tú no. Quizás tu pareja te comenta que gracias a su amigo o amiga ha sonreído por primera vez en mucho tiempo y tú te frustras porque crees que tus esfuerzos no sirven de nada y que no reconoce tu ayuda.

 

A veces las personas con depresión dejan de cuidar su imagen

Con frecuencia, las personas que sufren depresión descuidan su imagen y su higiene de forma radical. A veces su pareja nota esto y puede llegar a sentir un poco de rechazo, pero no dice nada para no herirla.

 

El ritmo sexual cambia

La depresión puede acarrear cambios en el apetito sexual (a veces a causa de algunos medicamentos antidepresivos). Por lo general, el libido disminuye, pero en algunos casos también puede ocurrir lo contrario y crear una sexualidad compulsiva o descontrolada. De todos modos, son cambios sexuales que pueden generar un conflicto en la relación.

 

La actitud que toma uno sobre sí mismo es la que toman los demás

Una persona con alta autoestima consigue que los demás la quieran prácticamente sin ningún esfuerzo. Cuando una persona está deprimida toma una actitud de desprecio consigo misma y algunas veces crea un efecto halo y hace que los de su alrededor pierdan el interés por estar cerca, incluso que sientan un poco de rechazo.

 

Te sientes como una papelera emocional

Eres la persona que está más cerca de tu pareja y te toca escuchar comentarios muy negativos. A veces, lo vives como si fueras una papelera a la que va arrojando basura. Interiorizas los sentimientos con los que parece que se dirige a ti (desesperanza, enfado, angustia) y sientes impulsos de sacar un escudo y devolverle lo que te hace sentir.

 

Tus necesidades quedan a un lado

Cuando consigues animarlo/a, te dice que ya está mejor y se va a celebrarlo con otras personas. Tienes un rol de ayuda y parece que eso implique comprender y callar. Por dentro, vas generando frustración y rabia. Esta persona consume tu energía y tus fuerzas y parece que solo pretende pagarte por ello con sus mejoras.

 

Los comentarios negativos sobre la vida empiezan a afectarte

Tu equilibrio interno se resiente y se crea un pulso psicológico entre la persona deprimida y tú. Intenta convencerte de que todo es negativo y tú te defiendes peleando para no creértelo. Acabas gritando y diciéndole que es demasiado negativo/a y que con su actitud no se curará nunca.

 

Las personas deprimidas crean discusiones de la nada

A veces se sienten solas o incomprendidas y, aunque suene horrible, intentan captar la atención de las demás personas haciéndolas sentir mal. Suelen ser discusiones encaminadas a conectar con alguien, aunque sea a través de los gritos. Quieren que te des cuenta de que se encuentran mal.

 

Te hacen sentir culpable

La depresión, muchas veces, va acompañada de intensos sentimientos de culpa. En un intento de liberar un poco de carga, puede ocurrir que la persona deprimida cree situaciones en las que sea la víctima. Puede que te pida perdón muchas veces por algo que sabe que es insignificante o que te diga que has herido sus sentimientos con algún comentario que has hecho sin pensar.

Esto puede ser agotador y desesperante para las dos partes, ya que se entra en una dinámica muy triste que solo genera más negatividad. Además, como la susceptibilidad suele ser muy alta resulta muy complicado estar a la altura de las circunstancias.

Por otra parte, cuando su sentimiento de víctima se reaviva, entran en un modo “recibir atención – hacer reproches” que la mayoría de personas percibirá como un comportamiento profundamente egoísta.

 

La depresión se ha comido a tu pareja

La depresión es una enfermedad. Es evidente que no podemos pedirle a una persona afónica que hable, y menos que nos diga cosas bonitas. Tampoco podemos pedirle a alguien sin piernas que corra una maratón, o a alguien con alopecia que se esfuerce en hacer crecer su cabello.

A veces, nos cuesta un poco más comprender las limitaciones que tiene una persona cuando sufre una enfermedad mental, ya que esta no se ve. La depresión altera el comportamiento y la personalidad de quien la sufre pero, muy en el fondo, siempre queda algo de la persona que conociste, y eso es lo que puede darte fuerzas para continuar ahí.

Siempre hay unos límites:  la depresión no convierte a nadie en maltratador/a. Puedes ayudar pero jamás debes ponerte en peligro ni convertirte en el psicólogo/a de tu pareja, priorizando su bienestar a tu salud o integridad.

 

Recuerda que eres un ser humano y tienes derecho a ser imperfecto/a

Nadie te pide que aguantes todo, ni que reprimas tus sentimientos. Tienes derecho a equivocarte y a sentirte molesto/a. Piensa que tú, además de tener que esforzarte el doble para seguir con tu vida y tus rutinas, probablemente, estás pasando por un duelo: la pérdida simbólica de la persona que tenías al lado. Y además estás luchando contra comentarios negativos constantes sobre la vida y lo que te envuelve.

 

Si decides seguir ahí

Si decides seguir ahí para ayudar a la persona que quieres, vas a necesitar mucha fuerza y ánimo. ¿Estás concienciado/a sobre la depresión y quieres estar al lado de tu pareja?

  1. En primer lugar, asegúrate de que tu pareja está en manos de profesionales de la salud.
  2. Cuídate mucho. Diviértete y descansa. Todo lo que hagas por ti se lo estarás regalando también a tu pareja.
  3. Relaciónate con otras personas y, si quieres, busca un grupo de apoyo para familiares.
  4. No alimentes las discusiones que puedan surgir. Especialmente esas que no van a ningún lado.
  5. Durante un tiempo, tus necesidades se verán afectadas. Tu pareja no puede cuidarte porque ni siquiera está en condiciones de cuidar de sí misma. A veces, tendrás que esforzarte por los/as dos. Será duro, pero valdrá la pena.
  6. Guarda un espacio para ti, no te fusiones con tu pareja hasta el punto de caer también en una depresión.
  7. Recuerda todas las cosas bonitas que habéis vivido, ¡podéis hacer un álbum juntos durante los ratos que se encuentre un poco mejor!
  8. Si te pasa algo bueno, no intentes contener tu alegría para que esa persona no se sienta incomprendida. A ella le hace bien estar envuelta de cosas positivas, ¡deja que se contagie de tu entusiasmo!
  9. Todas las veces que puedas, hazle saber que te alegras de que esté contigo, de pasar tiempo juntos/as. Sube su autoestima sutilmente, sin que lo sienta forzado.
  10. No trates a tu pareja como si no supiera lo que le conviene (aunque en ese momento te lo parezca). Respeta sus decisiones, aunque algunas veces no te gusten. Piensa que su autoconcepto probablemente está por los suelos y si le das órdenes se sentirá aún peor.
  11. Si necesita hablar, y tienes ganas de hacerlo, sé cariñoso/a. Si ves que vas a gritar o a decir cosas que empeoren su estado, es mejor que trate el tema que sea con su psicólogo/a.
  12. Perdona tus errores y sé amable contigo mismo/a.
  13. Puedes ayudar, pero no pienses que eres totalmente responsable de su curación.
  14. Quizás ahora tu pareja no puede agradecerte tu esfuerzo, pero cuando se cure se dará cuenta de lo que has hecho.
  15. Recuerda que, si superáis algo así de forma positiva, vuestra relación saldrá muy fortalecida y tendréis un vínculo mucho más íntimo.

 

 

Una persona que sufre depresión tiene tendencia a abandonar los buenos hábitos, y eso puede provocar que su pareja tenga que esforzarse el doble para mantener los suyos. -       

¿Te ha ocurrido alguna vez? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

El síndrome del agotamiento emocional

El síndrome del agotamiento emocional

¿Llevas mucho tiempo dando demasiado de ti sin recibir nada o casi nada a cambio?

Tal vez tienes un trabajo en el que tu jefe nunca está contento contigo o estás en una relación en la que tienes demasiadas responsabilidades.

El síndrome del agotamiento emocional aparece como consecuencia de pasar un largo período de tiempo en condiciones de estrés, sobreviviendo a una situación de desequilibrio: aportas mucho esfuerzo y apenas obtienes recompensa. Finalmente, tu cuerpo y tus emociones se revelan para hacer que bajes el ritmo.

Algunas de las pistas que te da tu organismo de que estás acercándote a tus límites son las siguientes:

  • Sientes más cansancio de lo habitual: todo se te hace un mundo. Te despiertas cansado/a, y cualquier tarea te resulta agotadora. Incluso dejas a un lado aquellas actividades que te gustaban pero que suponen un mínimo esfuerzo.
  • Tienes dificultades para conciliar el sueño. La hora de dormir es un momento de encuentro con nosotros mismos, un espacio para la reflexión personal. Cuando sufrimos este síndrome, podemos padecer insomnio debido a la alta carga emocional que estamos soportando, ya que nos cuesta mucho dejar de pensar en ese aspecto de nuestra vida que está desequilibrado.
  • Estás irritable: te sientes mucho más susceptible de lo habitual. Has sacado la espada y el escudo y cualquier comentario que no encaje exactamente con lo que necesitas oír te hace estallar. Si alguien te lo hace notar, es aún peor.
  • Practicas el distanciamiento afectivo: te aíslas emocionalmente para protegerte. Por una parte, no quieres enfrentarte a tu propia irritabilidad con el resto de personas y, por otra, no tienes fuerza ni puedes arriesgarte a crear otra relación desequilibrada. Tu mente te pide soledad.
  • Te enfermas a menudo: tu sistema inmunitario parece estar resentido. Últimamente, te contagias de resfriados, infecciones y todo lo que haya a tu alrededor. Cuando parece que te estás curando, enfermas de otra cosa.
    Te falta motivación: te cuesta tener ilusión o no encuentras fuerzas para hacer las cosas, incluso si esas cosas antes te gustaban.
  • Tienes problemas de memoria: has notado que tienes olvidos frecuentes. Quizás son olvidos sin mucha importancia, pero no es algo habitual en ti y te ha llamado la atención.
  • Te cuesta concentrarte. Quizás es una operación matemática, o un problema simple a resolver. Organizar datos, relacionarlos o sacar conclusiones te resulta más pesado que normalmente. Algunas veces, son los demás quienes te avisan de que estás despistado/a o se dan cuenta de que tardas más en responder cuando te hablan.

Si tienes varios de estos síntomas, y reconoces alguna situación en tu vida en la que estás demasiado entregado/a sin recibir una recompensa equivalente a cambio, es muy probable que sufras agotamiento emocional.

 

En el ámbito de las relaciones, es común sentirse agotado cuando tenemos una interacción tóxica con alguien.

Algunos ejemplos serían:

  • Estás con una persona que te amenaza con frecuencia, implícita o explícitamente, con dejar la relación si no haces lo que ella quiere.
  • Tu pareja es muy pesimista, te demanda atención y optimismo todo el tiempo para animarse, y cuando lo consigue dice que sigue desanimada.
  • Tienes una relación íntima con alguien que tiene comportamientos muy victimistas. No puedes relajarte, porque cualquier cosa que dices o haces hace que te reclame por tu falta de sensibilidad.
  • Te relacionas habitualmente con alguien que te exige ser perfecto/a y has aceptado el reto. Esa persona nunca te da el visto bueno, o cambia de opinión constantemente sobre lo que espera de ti.

Si tienes síntomas de agotamiento emocional, debes pararte a escuchar lo que tu cuerpo trata de decirte. Si no prestas atención a los síntomas y continúas en las dinámicas estresantes, llegará un día en el que no habrá vuelta atrás: estarás paralizado/a y al borde del colapso.

En ese punto, lo tendrás claro: no puedes soportar esa situación y las estrategias que utilizabas normalmente ya no sirven, porque has traspasado tus límites. Por lo tanto, debes parar cuanto antes, ya que la ansiedad mantenida durante mucho tiempo puede llevarte a una depresión y tu sistema nervioso puede resentirse seriamente. No esperes hasta ese punto.

 

Cuatro claves para poner freno al proceso de agotamiento emocional

  • Descansa. Duerme, relájate, baja tu nivel de actividad. Ya sé que cuesta dejar a un lado las obligaciones, pero tu salud es más importante, y seguro que algunas de esas obligaciones pueden esperar o ser delegadas. Necesitas dormir para volver a ver las cosas con claridad y desde una perspectiva más relajada.
  • Libérate de la culpa. Acéptalo: eres un ser humano y no puedes con todo. No esperes que te lo digan los demás, ni tampoco esperes su comprensión (sobretodo si hablamos de personas abusadoras). Sabes que estás sobrecargado/a de obligaciones y que tu mente está al borde del colapso, no hace falta que lo reconozca otra persona.
  • Pon límites (a los demás y a ti mismo/a). No es necesario esforzarse hasta el colapso. Tienes derecho a poner límites y a tener un ritmo de vida satisfactorio.
  • Realiza actividades placenteras. Descansar es necesario, y es primer paso, para recuperarte, pero, cuando lo hayas hecho, empieza a añadir diversión a tu día. Hazlo aunque al principio no te apetezca. Esos momentos de ocio te llenarán de energía renovada.

Como consejo extra te diré que, si tienes oportunidad, hagas una excursión a un lugar en el que haya movimiento de agua. El agua del mar tiene iones negativos que neutralizan la sobrecarga energética y te aportarán un alivio mental prácticamente inmediato.

 

Recuerda: el síndrome del agotamiento emocional aparece como consecuencia de pasar un largo período de tiempo en condiciones de estrés, sobreviviendo a una situación de desequilibrio: aportas mucho esfuerzo y apenas obtienes recompensa. Finalmente, tu cuerpo y tus emociones se revelan para hacer que bajes el ritmo.

¿Te ha ocurrido alguna vez? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

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