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No quería comprometerse… hasta que conoció a otra persona

No quería comprometerse… hasta que conoció a otra persona

Llevabas varios meses, o incluso años, saliendo con alguien que decía que en ese momento de su vida no quería un compromiso. Te lo dijo desde el principio pero pensaste que, si seguías ahí, lograrías que cambiara de opinión. Después de esperar durante un largo tiempo y dar lo mejor de ti, conoció a otra persona y, poco después, estaba haciendo por ella todo lo que habías anhelado para ti, e incluso le estaba rogando que tuvieran una relación comprometida.

 

¿Te suena esta situación?

Lo habitual es que, si te ha ocurrido algo así, acabases maldiciendo a ese hombre/mujer por haberte mentido, por decirte que no quería ningún compromiso en ese momento, cuando en realidad sí que lo quería, pero no contigo. ¿Tiene la culpa de no querer un compromiso contigo? Evidentemente no. Tiene la culpa de haberte manipulado para que aceptes la situación, de haber usado las palabras “en este momento”. Por una parte, vio la posibilidad de sacar provecho de esa relación sin normas si te mantenía ahí y, por otra, pensó que te resultaría doloroso oír que no quería nada serio contigo. Pero lo más seguro es que, conscientemente, nunca haya querido hacerte daño.

A continuación te doy algunos de los motivos que realmente pueden causar que alguien esté emocionalmente impedido para empezar una relación estable:

-Acaba de terminar otra

-Acaba de morir un ser querido para él/ella

-Está implicado/a en un proyecto profesional muy importante y necesita poner ahí toda su atención

-Tiene una crisis personal

-Está enfermo/a o alguien querido lo está

-Su vida es realmente un conjunto de viajes de negocios

 

Ahora, veamos los argumentos que suelen dar las personas que solo pretenden aprovecharse de ti:

-Ahora no es un buen momento para tener una relación

-Tengo que estar concentrado/a en mí

-No quiero un compromiso con nadie porque no me gustan las relaciones de pareja

-No tengo tiempo para dedicar a una pareja (pero sí para tener encuentros sexuales con otras personas)

-No eres tú, soy yo

Entonces es momento de ser valiente, y preguntarte a ti mismo/a: si apareciera el hombre o mujer de sus sueños, ¿seguiría sin tiempo y sin ganas? ¿Se vería obligado/a a rechazar esa relación debido a sus circunstancias vitales del momento? En las seis primeras situaciones, probablemente sí. En las cinco últimas, no.

Imagina que entras a una tienda de ropa y, cuando la dependienta viene a ayudarte, le dices que en ese momento de tu vida no quieres comprar nada (realmente así lo crees) y que solo quieres mirar. Entonces ves la prenda de tus sueños, esa que siempre has querido tener y solo queda una. Sientes el impulso de probártela y te queda bien. Entonces sientes otro impulso, el de comprarla, y piensas “¡No! ¡No me viene bien comprar esto ahora mismo!”. Pero, mientras lo piensas, miras en tu monedero a ver cuánto dinero llevas. Finalmente, a pesar de esa vocecita que te dice que no lo hagas, ahí estás, en la caja, entregando tu dinero y agarrando la bolsa con ilusión y ganas de llevar eso puesto a todas partes.

Si hubieras visto esa misma prenda de otro color, con otro bordado, con botones en el cuello, quizás no te hubieras dejado convencer, no habrías salido de tu esquema. No obstante, esa era la prenda de tus sueños y debías hacer una excepción. Y si no hubieras llevado dinero encima, hubieras movido cielo y tierra para que te reservaran esa prenda exclusiva hasta que pudieras ir a pagarla.

 

¿Qué ocurre cuando aceptas esperar a alguien?

Si decides, sin que te lo hayan pedido, esperar a que el otro cambie de opinión sobre el compromiso mostrándole lo mucho que puedes ofrecer, lo que ocurrirá, casi invariablemente, es que esa persona tomará aquello que le des y luego seguirá rechazando el compromiso.

Imagina ahora, de nuevo, el escenario de la tienda. Ves una prenda que te gusta bastante pero no estás dispuesto/a a pagar por ella. La dependienta se percata y te dice: “¿No quieres pagar ahora? ¡No importa! Llévatelo y úsalo un par de veces a ver qué tal te sientes. Luego, si quieres, vuelve a pagarlo o nos lo devuelves y no pasa nada.”

Puede que pienses tres cosas:

1. Lo usaré algunas veces y luego lo devolveré poniendo cualquier excusa.

2. Mejor no me lo llevo, o me lo llevo con mala cara y diciendo que no lo compraré, para evitar que me pidan explicaciones cuando lo devuelva.

3. ¿Me lo prestan gratis? ¡Seguro que es una trampa!

Por lo general, las cosas gratuitas crean desconfianza. Te hacen pensar que tienen muy poco valor o que hay una trampa detrás. ¿Quién no ha pensado nunca en ir a la clase de prueba de un curso y luego desaparecer? Es parte de la naturaleza humana.

 

¿Qué tiene la nueva pareja que no tengas tú?

En la mayoría de casos, nada. Quizás es mejor que tú en algo, pero no es esa la cualidad que le ha hecho estar con ella. Esa nueva persona es, sencillamente, alguien que se ha mantenido independiente y que ha sabido marcar límites. Es alguien que le puso un precio al vestido desde el principio sin obligar a nadie a comprarlo y no entregó su tiempo ni sus recursos dejando ver que no tenían valor.

En otros casos, esa otra persona tiene una personalidad mucho más afín o realmente le gusta más por algún motivo. Pero, por lo general, se tratará de alguien que se lo puso un poco difícil, porque es el hecho de que una relación sea imposible lo que hace que alguien con miedo al compromiso recule en su decisión.

Es habitual que las personas que quedaron en la categoría “amigos con derechos” se obsesionen con la nueva pareja y hagan auténticas investigaciones a través de redes sociales o posibles amigos en común. Lo cierto es que hacer eso solo les lleva a retrasar su propia recuperación y a encontrar cualidades en el otro/la otra que ni siquiera son reales.

 

¿Cuál es la mejor opción cuando alguien te dice que no quiere un compromiso?

Tienes que tener en cuenta varios aspectos. ¿Cuáles son las circunstancias personales de tu amigo/a? ¿Te ha pedido tiempo o te ha dicho que no quiere comprometerse y tú has decidido esperar? ¿Tiene un motivo de peso para no comprometerse en este momento?

Debes tener claro que si decides esperar a alguien sin que te lo haya pedido luego no puedes reclamar. Por otra parte, si es la otra persona la que te ha pedido que esperes, quizás sea porque no tiene los recursos emocionales para decir directamente que no, y en ese caso tienes que actuar pensando solo en ti y alejarte. Por encima de todo, y especialmente si acabas de conocer a esa persona y no hay mucho vínculo entre vosotros, recuerda que el mar está lleno de peces y que estar en segundo plano en la vida de alguien por mucho tiempo es algo psicológicamente devastador.

Si aún así estás seguro/a de que se trata de una mala racha y decides esperar, no pierdas la perspectiva de la realidad, mantén otras opciones abiertas y enfoca tu vida en objetivos no sentimentales. Recuerda no entregar todo si esa persona no se compromete, porque eso te hará perder tu centro e implicarte mucho más en la relación.

Por último, si es algo que te ocurre habitualmente, si sales con personas que en ese momento no quieren un compromiso y justo después conocen a alguien con quien se casan, es hora de darle un empujoncito a tu autoestima, centrarte en ti y revisar tu nivel de entrega y los límites que pones en tus relaciones.

 

Si sueles tener relaciones con personas que no quieren comprometerse y, justo después, lo hacen con alguien nuevo, probablemente tienes problemas para poner límites o entregas demasiadas cosas antes de tiempo -       
 

¿Te ha ocurrido algo parecido? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

La triangulación narcisista

La triangulación narcisista

 

La triangulación es un método de manipulación que consiste en crear un triángulo imaginario en el que hay tres vértices: el verdugo, la víctima y la/las persona/as a las que se pretende comparar con la víctima. La idea es que esta salga desfavorecida en la comparación y que se esfuerce por parecerse a lo que su verdugo espera de ella.

Por ejemplo, una mujer podría decirle a su marido: “Tengo un compañero de trabajo que siempre me regala cosas”. De este modo, conseguirá que su marido sienta que no está a la altura y que debe regalarle más cosas, iniciando, sin darse cuenta, una competición con el compañero de trabajo.

En la mayoría de ocasiones en las que hay triangulación se da una traición o violación del vínculo entre la víctima y el verdugo, se rompe la confianza y el respeto, de modo que la víctima se siente dañada en lo más profundo. Por ejemplo, imaginemos que una chica le dice a su novio que se siente insegura al desnudarse cuando tienen intimidad, y él, al día siguiente, le dice: “He comentado con mi ex lo de tu inseguridad y ella opina que, como pareces insegura en otros aspectos, quizás deberías hacer terapia.”

La triangulación es un método de manipulación psicológica que pretende que la víctima se compare con otra persona y se esfuerce hasta el agotamiento por conservar la relación con su verdugo. -       

 

¿Cuáles son las intenciones de un/una manipulador/a al utilizar esta técnica?

Hay seis razones básicas por las que alguien aplica la triangulación, aunque todas se reducen a obtener control sobre la víctima y sus emociones. Estas razones son:

  1. Provocar celos: No es necesario que el/la abusador/a diga explícitamente que otra persona es mejor que su víctima. Es suficiente con que hable constantemente de ella o con que tenga más en cuenta su opinión (de este modo, la víctima acaba interiorizando que ella no tiene criterio). Se puede dar entre parejas, entre padres e hijos, entre amigos, etc. La víctima puede sentir verdadero temor a perder el afecto de su verdugo debido a la existencia de esa otra persona.
  2. Generar inseguridad en su víctima o hacerla sentir inferior: “Mira qué buenas notas saca nuestro vecino, seguro que si te esfuerzas puedes sacar también buenas notas, dentro de tus posibilidades”. Ahí el verdugo le está diciendo a su víctima que no es tan inteligente como el vecino y que, si se esfuerza, tampoco lo será, pero podrá parecerse y obtener así su aprobación. Otros ejemplos en los que se buscaría generar inseguridad podrían ser: “Qué simpático es tu amigo, me extraña que os llevéis tan bien” o “Qué bien se le da a este chico hablar en público, tú en cambio eres más tímido”.
  3. Provocar un cambio de conducta: No siempre se pone a esa tercera persona en un pedestal, a veces ocurre totalmente lo contrario. Cuando lo que se pretende es insultar a la víctima de forma indirecta, se puede hablar mal de una persona que tenga una característica similar a ella, para hacer que cambie de conducta. Si tu pareja te dice: “Odio a la gente que siempre lleva zapatillas de deporte”, y tú te miras los pies y te das cuenta de que es tu caso, quizás te está aplicando este tipo de triangulación negativa. De este modo puede conseguir que cambies y que te sientas incómodo/a al no saber si se está refiriendo a ti o si en realidad no se ha dado cuenta y no tiene mala intención. De todos modos, te está haciendo saber que hay algo de ti que no le gusta.
  4. Hacer que la víctima dude de su percepción y/o criterio: “Todos piensan que lo que hago es normal” o “Nadie cree que tengas indicios para pensar que soy infiel”.
  5. Aislar a la víctima: “En el trabajo todos te odian, aunque tú no lo veas” o “Tu familia no te quiere” son frases que buscan aislar a la víctima para tener mayor control sobre ella.
  6. Provocar una reacción y alimentar su propio ego: Por lo general, a las personas con Trastorno Narcisista de la Personalidad les gusta que sus víctimas reaccionen a las provocaciones de forma notoria, les gusta que griten y lloren, porque así sustraen ese suplemento narcisista que tanto ansían. No obstante, si lo hacen, las acusan de dramáticas y exageradas, para generarles más inseguridad y hacer que la próxima vez se contengan y sufran en silencio hasta el próximo estallido, que después de la contención será realmente prometedor.

 

Entonces, ¿qué relación hay entre la inseguridad de la víctima y el poder del abusador?

Una persona insegura o con la autoestima muy dañada es alguien que, en la mayoría de casos, acaba sufriendo dependencia emocional en sus relaciones. Es, por tanto, mucho más fácil de controlar y dominar, y está en disposición de entregarse completamente a la relación con su abusador/a para lograr su aprobación y evitar el descarte o la ruptura. En ese punto, el /la narcisista tiene todo el poder y puede abusar de su víctima a su antojo con pocas posibilidades de que esta se marche.

 

¿Te ha ocurrido alguna vez? ¿Te han triangulado de algún modo que no aparece en este artículo? Deja un comentario y comparte tu experiencia.

 

¡Un abrazo!

La profecía autocumplida

La profecía autocumplida

¡Sabía que me dejarías!

A veces estamos seguros/as de que nuestra pareja nos va a engañar o va a romper la relación. Por ese motivo, intentamos actuar con cuidado y vigilar los posibles indicios que lo anticipan, procuramos no dejar ningún cabo suelto pero, finalmente, ocurre lo que esperábamos. En ese momento, se confirma nuestra teoría y nuestros esquemas mentales se vuelven aún más rígidos.

Una profecía autocumplida es el proceso mediante el cual una falsa creencia acaba provocando que un hecho esperado se convierta en realidad. “Cuidado con lo que deseas…” dirán alguno/as, y es que parece haber una correlación entre aquello que creemos que sucederá y lo que acaba sucediendo realmente.

Para poder hablar de profecía autocumplida tiene que haber pocos indicios (o muy ambivalentes) de que algo pueda ocurrir, y al menos una persona que, en base a esa serie inconsistente de señales, ponga en marcha un conjunto de actitudes y comportamientos que acaben causando que eso que teme se haga realidad.

 

Todo empieza con una creencia inicial

En el ámbito de la pareja, suelen verse dos profecías autocumplidas, la de la infidelidad y la de la ruptura.

  1. “Sé que me va a ser infiel”: quienes dicen este tipo de frases, suelen ser personas que han sido engañadas previamente en otras relaciones o que tienen problemas de autoestima. Estas pueden pensar “todos/as son iguales”, “yo no merezco una relación exclusiva” o pueden tener cualquier otra creencia no probada que la haga empezar a construir ideas sobre un falso suelo.
  2. “Sé que me va a dejar”: puede ser una frase repetida por personas que han vivido relaciones que siempre han terminado de la misma manera, personas que tienen una baja autoestima o miedo a sufrir y prefieren no ilusionarse.

 

Estas personas pueden interpretar cualquier hecho como una señal

Tienen sesgos cognitivos: seleccionan datos que podrían confirmar su creencia y desechan aquellos que la descartan. Finalmente cuentan con una serie de señales muchas veces inconexas pero que en su mente tienen relación:

“Mi novio tiene una compañera que se llama igual que su ex y el martes desayunaron juntos. Eso fue a las diez de la mañana y hoy, domingo, a la misma hora, le ha sonado el teléfono y todavía no me ha contado quién es”.

Este sería un ejemplo de información sesgada; podría ser que no tuviera nada que ver un dato con el otro, que estuviera obviando otras cosas, incluso sería posible que al novio le resultara molesto, y no agradable, recordar el nombre de su ex. No obstante, son datos que en última instancia podrían confirmar la infidelidad, y eso para la persona profeta significa coherencia y tranquilidad (por contradictorio que parezca).

 

Esa falsa creencia es tomada como una verdad absoluta

Después de varios sesgos cognitivos que aparentemente confirman su creencia, empieza la fase defensiva: quien está seguro de que se acerca una ruptura o una infidelidad, puede dejar de aportar cosas a la relación o tomar una actitud defensiva y hostil.

Esa falta de aporte positivo a la relación, la actitud defensiva y la hostilidad constantes pueden hacer que su compañero/a sufra hasta límites insospechados y acabe sintiendo rechazo y buscando consuelo en alguien más. Entonces la primera persona dirá “¡Lo sabía! ¿Lo ves como yo tenía razón?”

Si tomas como verdadero un futuro que todavía es incierto estarás eliminando tu potencial para cambiar las cosas -       

Como podrás ver, muchas veces la profecía se cumple porque hemos empezado a actuar en negativo y hemos dejado de aportar y cuidar todo aquello que era realmente necesario. Es decir, que las actitudes defensivas (y la falta de aportes positivos) son realmente la causa del desenlace derrotista que habíamos vaticinado.

 

¿Hay algo que puedas hacer?

No puedes controlar lo que piensas, pero sí tu comportamiento: no actúes como si tu profecía realmente se hubiera cumplido. Pon en duda tu creencia (que al fin y al cabo te hace daño) y dale a tu pareja el beneficio de la duda.

Si estás profetizando una infidelidad…

  1. Pregúntate si es en base a relaciones anteriores
  2. Busca, como mínimo, una explicación alternativa para cada una de las señales que creas encontrar
  3. No hables constantemente de este miedo con otras personas, no dejes que tu angustia invada tus otros terrenos; hazlo al revés: deja que los otros ámbitos de tu vida te distraigan y le quiten importancia a tu temor
  4. No lleves a cabo comportamientos controladores para “quedarte tranquilo/a”, solo alimentarás a tu miedo y seguirás concentrado/a en el mismo tema
  5. No cometas tú una infidelidad para vengarte de antemano
  6. Crea momentos bonitos con tu pareja
  7. Ten una comunicación fluida y de calidad y favorece vuestra unión emocional (esa suele ser la forma más segura de tener una relación sana y fuerte a la que no entren terceras personas).

 

Si estás profetizando una ruptura…

  1. Reflexiona sobre cómo acabaron tus relaciones anteriores
  2. Toma conciencia de tus cualidades positivas
  3. Ábrete a una conexión emocional sincera con tu pareja
  4. Planifica momentos bonitos con ella
  5. Sé cariñoso/a
  6. Aporta cosas positivas a la relación, en vez de estar pendiente de ganar todo lo que puedas dando lo mínimo posible
  7. No amenaces con romper la relación para sentirte poderoso/a
  8. Reflexiona sobre vuestros proyectos y sueños en común como pareja
  9. Mantén una comunicación fluida y de calidad

 

Entonces, ¿qué harías si tu pareja estuviera siendo fiel y pensara seguir contigo? ¿Cómo te comportarías? A falta de pruebas claras que confirmen lo que temes, ¡disfruta de tu relación!

 

Estado civil: lo estamos dejando

Estado civil: lo estamos dejando

¿Por qué las otras siempre acaban sufriendo?

Hay muchas circunstancias en las que una persona puede empezar un noviazgo con alguien que ya está comprometido. En estas historias hay diversidad de género, inicios de todas clases y también una gran variedad de personalidades.

No obstante, en esta ocasión, vamos a centrarnos en el clásico romance secreto entre una mujer soltera y un hombre casado que desde el principio promete estar dejando su relación principal. Vamos a hablar de la figura de la otra y de los daños psicológicos que puede sufrir.

 

El drama de la rosa cortada

Un rosal puede vivir muchísimos años, llegando a límites sorprendentes. Quizás se caerán sus rosas y pasará temporadas siendo solo un manojo de tallos. A veces estará feo y perderá sus hojas pero gracias a sus raíces y a los cuidados necesarios volverá a ser bonito cada primavera.

Pero, ¿qué ocurre con esa rosa preciosa de color púrpura que se regala envuelta de hojas, espigas y papel brillante? No importa cuántas veces le cambies el agua, ni cuantas veces la tiñas para que se siga viendo bien: morirá en menos de una semana.

Algo así sucede en la historia entre una amante y un hombre casado. La amante es una rosa hecha al gusto de su consumidor. Hará toda clase de esfuerzos para verse más bonita, divertida e independiente que la pareja de su amado, le ofrecerá una relación aparentemente perfecta y se convertirá en lo que a él le hace falta, pero olvidará lo más importante: en el camino, se habrá apartado de sus raíces y valores, aquello que le daba vida y la hacía fuerte. Después de despojarse de sus recursos, sus posibilidades de mantenerse viva serán muy limitadas. Entonces pasará a depender de su cuidador, que probablemente estará ocupado cuidando de su propio jardín.

 

¿Por qué decimos que se ha apartado de sus raíces y valores?

Porque muchas veces, cuando una persona mantiene una relación con alguien que ya está comprometido, se ve obligada a mantener la historia en secreto. Eso significa que:

  1. En situaciones de crisis, tendrá que resolver sus sentimientos sin ayuda
  2. No podrá compartir la alegría en los buenos momentos
  3. Las opiniones de las pocas personas que lo sepan, si es que alguna llega a saberlo, probablemente bajarán su autoestima
  4. Mentir sobre la historia o maquillarla hará que se sienta todavía más lejos de las personas que podrían ayudarla a salir de la relación

Aislada de su fuente social de recursos, se encontrará con otra pérdida importante, la de sus valores. Normalmente, a nadie le gusta mentir a las personas que quiere ni pretende en un principio romper la relación o el núcleo familiar de otra persona. Cuando se da cuenta de lo que quiere lograr, tiene que desconectarse durante un tiempo de sus valores, buscar pensamientos alternativos que le permitan seguir viéndose como una persona buena y coherente: su mujer es mala, estoy ayudándolo, será más feliz conmigo, etc.

Por otra parte, la amante se sentirá obligada a cambiar su personalidad, aquello que la hace única, para adaptarse a la lealtad que le pide su amado. También será ella la que cambie sus ritmos ya que él no puede hacerlo debido al compromiso con su esposa y al consecuente secretismo de la relación.

La familia, los amigos, los valores y la personalidad son pilares básicos en la construcción del autoconcepto. Entonces, una vez la amante se ha despojado de todo eso, siente que solo puede recuperar su autoestima si ese hombre se la devuelve y esa devolución suele entenderse como la formalización de la relación. En ese momento, empiezan los reproches: ¿es que solo me quieres a ratos?, yo he dejado muchas cosas por ti, merezco estar en primer lugar, etc.

 

Empiezan las disonancias cognitivas

La amante se da cuenta de que el ego o la falsa autoestima que se ha formado no se sostiene, porque no tiene ninguna lógica. Si realmente es tan comprensiva, tan guapa y tan eficaz como su amado le ha hecho creer, ¿por qué no deja a su esposa? ¿Una mujer tan atractiva a todos los niveles se conformaría con ser un segundo plato? ¿Será que no es tan fabulosa?

Puede tener sentimientos encontrados hacia esa mujer: por una parte odio porque quiere ocupar su lugar y, por otra, admiración porque ella es la elegida para ser la esposa.

 

Las recompensas emocionales que le aportaba la relación se derrumban

Ella se sintió halagada en un primer momento pero ahora cree que solo tiene belleza física. Se sintió misteriosa e interesante pero realmente faltaban momentos de comunicación. Creyó ser una aventurera atractiva con la que su amado vivía las emociones más intensas, pero solo era una vía de escape para él, una especie de adicción. Pensó que sus encuentros eran mágicos por ser clandestinos, pero solo se estaba adaptando al poco tiempo que él le concedía. Pensó que ella era la persona más comprensiva del mundo, la que mejor escuchaba, pero realmente le hubiera servido cualquiera. Creyó que era libre en la relación, pero ahora se encuentra llena de límites y sufrimiento.

 

La baja autoestima es una de las causas de la dependencia emocional

Mantener en el tiempo una aventura secreta en la que competimos con alguien más importante puede acabar con nuestra autoestima y, si eso ocurre, acabaremos pensando que nadie nos quiere y que no conseguiremos salir de la relación. 

A veces, la dependencia emocional se confunde con el amor. Al fin y al cabo, parece que idealizar y necesitar al otro forman parte del romanticismo. Es muy probable que alguien que ha luchado por un primer lugar, que ha entregado tiempo, energía y autoestima en grandes cantidades a una persona, necesite pensar que ha servido para algo e intente desesperadamente continuar en la relación para recuperar alguna de esas cosas.

En algunos casos, probablemente los peores, la amante querrá dar una imagen que no encaja con el hecho de pedir explicaciones o un compromiso formal. Esa imagen de mujer independiente la llevará a ser aún más dependiente: fingirá que no siente ni necesita nada y eso probablemente la ponga en situaciones mucho más dolorosas (por ejemplo, su amado podría contarle cosas buenas sobre su esposa o pedirle que lo acompañe a comprar un regalo de aniversario).

 

¿Siempre acaban sufriendo?

Una relación entre una persona que se entrega completamente y otra que se da a medias es una relación desigual y, por tanto, con componentes tóxicos. ¿Es posible tomar veneno y no sufrir daños? Es casi imposible, pero la magnitud del daño dependerá de la cantidad de ingesta y de las características del propio organismo.

Las secuelas psicológicas dependerán de la autoestima de la amante, del nivel de transgresión a sus valores, del apoyo social, del tiempo que haya durado el romance, de la intensidad de este, del trato entre ella y el hombre casado, de las expectativas que haya puesto en la relación y de la energía que le haya dedicado. Aunque el final es importante, es probable que esas secuelas existan incluso si el hombre casado acaba rompiendo su relación principal para estar con su amante. No obstante, las estadísticas indican que esa ruptura se da muy pocas veces y que las relaciones que empiezan a partir de un engaño, en la mayoría de casos, no tienen futuro.

Es importante, por este motivo, que una persona valore muy bien la situación si siente atracción o amor hacia una persona comprometida para poder apartarse a tiempo, Si ya está involucrada en una relación de dependencia y quiere recuperarse del daño sufrido, deberá llevar a cabo un trabajo profundo de desintoxicación emocional y autoestima, para volver a recuperar el control de su vida y encontrar un amor que realmente la merezca.

 

 

En la mayoría de casos, cuando una persona acepta mantenerse en segundo lugar dentro de una relación es porque tiene problemas de autoestima. -       

¿Te ha ocurrido alguna vez? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

Alcanzar tus sueños es más fácil cuando eres optimista (y tus enemigos lo saben)

Alcanzar tus sueños es más fácil cuando eres optimista (y tus enemigos lo saben)

Algunas veces tenemos que esforzarnos el doble para conseguir nuestros objetivos porque la gente de nuestro alrededor mina nuestro optimismo y nos ofrece consejos que, más que ayudar, nos desaniman.

Entonces, nuestra energía pierde el rumbo. Ya no estamos concentrados en lo que queremos. Ahora pensamos en qué les ocurre a esas personas, en si tienen razón y no somos suficientemente válid@s para lograr lo que queríamos, en si tenemos o no criterio para elegir un objetivo que nos convenga…

Las escuchamos porque todo apunta a que nos quieren pero una parte de nosotros mismos nos alerta, como si hubiera una mala intención o una incoherencia en su forma de “cuidarnos”. Quizás son consejos excesivos, ofrecidos antes de tiempo o con demasiado énfasis. Parece que la otra persona tenga algún interés en desanimarme.

En este punto, tenemos que hacernos algunas preguntas importantes:

  1. ¿Mi objetivo es también el objetivo de la otra persona? ¿Puede que esté molesta porque puedo conseguir algo que ella quiere obtener?
  2. ¿Esa otra persona piensa que me puede perder si logro mi objetivo?
  3. ¿Ese objetivo que tengo tiene que ver con la base de nuestra relación? (Por ejemplo, siempre quedáis para fumar y te intenta convencer de que no conseguirás dejar el tabaco).

En estos tres casos, quizás tienes una relación un poco tóxica con esa persona, porque es lícito querer mantener a alguien a tu lado pero no lo es jugar con sus miedos para obligarlo a quedarse.

Por último, ¿y si esa persona piensa que vas a dejar de quererla? ¿Y si sus críticas son una forma de mantener la conexión emocional y quedarse con la atención que estás dedicando a tu objetivo? Quizás debas explicarle que esa no es la mejor manera de ser tu amig@, que una amistad no se rompe por que uno sea más feliz… Pero desear el mal al otro, hacerlo sentir incapaz o boicotear sus proyectos sí que atenta contra las bases de cualquier relación sana.

 

Recuerda: desear el mal al otro, hacerlo sentir incapaz o boicotear sus proyectos, atenta contra las bases de cualquier relación sana.

¿Te ha ocurrido alguna vez? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

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