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Siempre habrá cosas en tu vida con las que no estés conforme, personas que te tratarán de forma injusta. Siempre habrá alguien con más suerte, más belleza, más dinero.

A veces atravesamos situaciones difíciles que nos obligan a luchar o a conformarnos con lo que tenemos. Y, aún así, si alguien nos pregunta si somos felices, decimos que sí, porque pensamos que, dentro de lo posible, así es. Disfrutamos de los buenos momentos, agradecemos lo que tenemos y vivimos las cosas buenas de forma consciente.

Recuerdo que, cuando era pequeña, de vez en cuando lloraba por alguna tontería. La respuesta de muchos adultos ante el llanto de cualquier niño solía ser: -¿Por qué lloras? ¿Es que aún eres pequeño/a?

Y entonces el niño o niña sentía vergüenza y reprimía la expresión de sus emociones, ya que llorar era de pequeños.

Pero un día, cuando una amiga y yo llorábamos porque no nos poníamos de acuerdo sobre a qué jugar, su abuelo nos vio y nos dijo: -No lloréis, que ya tendréis tiempo de llorar cuando seáis mayores.

En ese momento, algo hizo un clic dentro de mí. Ese hombre rompió mis esquemas. <<¿Los mayores lloran?>>, pensé. <<¿Será que realmente estoy triste por una tontería?>>, <<¿Será que ahora soy feliz?>>.

Esa frase quedó grabada en mí y, ahora, muchos años después, puedo reflexionar sobre ella en más profundidad: la primera forma de dominar el llanto de un niño se basaba en la vergüenza y la represión, y la segunda se basaba en trabajar el agradecimiento. Es decir… puedes estar triste si quieres, pero tendrás otras oportunidades de estarlo y quizás estaría bien que también aprovecharas las oportunidades para ser feliz.

Otra conclusión que saqué de esa frase fue que estaba llorando por enfado y no por tristeza. Por eso, los adultos tenían más motivos para hacerlo que yo. Llorar por un enfado no valía la pena, y menos por ese enfado en concreto.

Y esa es la clave de la felicidad: el agradecimiento. Estamos envueltos de personas que tienen problemas y parecen llevarlo bien. Personas que hacen cosas para resolver sus contratiempos, que luchan contra algunas adversidades pero viven conscientes de su buena salud, de sus buenos momentos, de su capacidad para sobrellevar las cosas. Personas que saben valorar un buen rato con alguien, o una situación graciosa, o un paisaje bonito.

Quizás conoces a alguien que siempre se queja de todo, a quien le hablas de cosas bonitas y siempre tiene un pero. Alguien que se muestra serio ante tus alegrías o a quien parece imposible contentar. Puede ser que, incluso, te hayas sentido responsable de la desmotivación constante que muestra. Ponte delante de esa persona y pregúntale si quiere ser feliz. Te encontrarás con tres tipos de respuestas:

  1. <<Sí>>.
  2. <<Sí, pero no sé cómo>>, <<Sí, pero no es tan fácil>>, <<Sí, pero quiero desahogarme>>, <<Sí, pero…>>.
  3. <<Es que no creo que sea posible>>, <<Es que la felicidad absoluta no existe>>, <<Es que…>>, <<¿Qué entiendes por felicidad?>>.

Las respuestas del tipo 1 y 2 llevan un <<sí>>, que puede ser explícito o implícito. Las respuestas del tipo 3 buscan eliminar esa posibilidad. Lamentablemente, lo mejor que puedes hacer por tu salud mental es dejar de esforzarte por hacer feliz a esa clase de personas, ya que ni siquiera quieren entrar en contacto con la remota posibilidad de estar bien. Distraen la conversación porque no quieren que les propongas soluciones ni que les pidas congruencia con su deseo de felicidad. En la mayoría de casos, son personas que han asumido un rol de víctima y que han descubierto que ese rol les permite obtener ciertos beneficios o aprovecharse de la buena fe de los demás. Obviamente, no quieren soluciones, porque para ellos la felicidad es eso: tener la atención de los demás y mantener esa sensación de poder.

Puede ocurrir que a veces no tengas fuerzas o que necesites desahogarte y dar espacio a ciertas emociones negativas, o que quieras quejarte sin que nadie te frene. Y tienes todo el derecho del mundo a hacerlo. No obstante, seguro que, en el fondo, preferirías no estar quejándote de eso y no tener ese problema. Querrías estar bien. Y eso significa que dentro de ti está la actitud correcta para conseguirlo.

He oído historias terribles de personas que perdieron a varios familiares a causa del COVID-19, que se quedaron sin trabajo y que tienen algunas secuela después de superar la enfermedad y, ¿sabes qué opinan de ello? Que qué mala suerte, pero que menos mal que ahora han podido volver a trabajar, aliviar sus secuelas y encontrarse bien para volver a remontar. Y les pregunto: <<-¿Estáis bien?>> y me dicen; <<-Ahora mucho mejor>>. Por otra parte, he oído a personas que no perdieron a nadie, que no tuvieron la enfermedad ni tuvieron pérdidas económicas a causa de la pandemia decir que son profundamente infelices porque hace un año que la mascarilla les estropea el look.

El camino del agradecimiento te llevará a la paz interior y a la felicidad.

 

Tres reglas de oro para ser feliz

Si quieres ser más feliz, recuerda estas tres reglas básicas:

  1. Sé consciente de las cosas buenas que hay en tu vida, incluso de aquellas cosas estables que das por hechas.
  2. No pongas tu energía en aquello que no se puede cambiar (situaciones adversas que no dependen de ti, complejos físicos como la estatura, medir tus progresos comparándolos constantemente con los de otra persona…)
  3. Haz aquello que sí que puedes hacer: duerme bien, come bien, hidrátate, haz algún deporte, márcate objetivos pequeños que puedas cumplir.

No se trata de ser conformista, sino de agradecer lo que ya tenemos, aceptar nuestras limitaciones y buscar la felicidad en el día a día. Si nuestros objetivos son grandes, tendremos que dividirlos en partes más pequeñas y, sobre todo, tendremos que valorar el camino. Verás qué cambio tan radical.

 

El camino del agradecimiento te llevará a la paz interior y a la felicidad. -       

Y tú, ¿qué opinas? ¿La felicidad es un estado fugaz? ¿Es una actitud? ¡Cuéntanos tu experiencia y deja un comentario!

 

¡Un abrazo!

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