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“Hará unos diez años de la primera vez que quedé deslumbrada por uno de ellos. No era un chico muy atractivo físicamente pero tenía una calidad humana que hubiera dejado con la boca abierta a la mismísima Madre Teresa. En ese tiempo yo era voluntaria de algunas asociaciones sanitarias y conocía a bastante gente del sector. No obstante, él era diferente y parecía extremadamente altruista, casi parecía estar en un plano superior al resto de humanos. Divertido, carismático y dispuesto a hacer cualquier cosa para ayudar.

Me hizo un love-bombing de campeonato y me hizo sentir como una princesa durante un tiempo. Todo era maravilloso, me llenaba de detalles, me ponía por las nubes… y, a la vez, iba dándome ciertas lecciones de cómo se tenían que hacer las cosas, ya que él era muy buena persona.

Reconozco que, con el tiempo, empezó a fastidiarme lo mucho que se fijaba en determinadas sutilezas. Hablar con él era ir pisando huevos, todo aquello que yo dijera sin pensar era puesto en tela de juicio y podía cambiar radicalmente su visión de mí. Recuerdo que un día le comenté que no me gustaba el arroz y me soltó un discurso sobre lo desconsiderada que estaba siendo con la gente que no podía comer. Ya que yo siempre he sido algo delicada en cuestiones de comida, decidí no hacer más comentarios sobre mis gustos y sencillamente pedir cosas que me gustaran.

Vi algunos inconvenientes en nuestras dinámicas pero el hilo conductor siempre parecía ser el mismo: él era una buena persona y había que seguir sus pasos. Cuestionaba TODO lo que hacía la gente a nuestro alrededor, era como un Pepito Grillo comentando la vida. Me contó que odiaba a su familia: a su madre porque lo había consentido demasiado y a su padre porque no le había prestado suficiente atención.

Una noche, en un momento objetivamente romántico, pasó por ahí un vendedor de rosas y nos preguntó si queríamos comprar alguna. Él le dijo que no, y me dijo que esas rosas no duraban demasiado y que era mejor comprarlas en otro lugar, planificando bien el color y si la quería con espigas o no. Yo le dije que, a veces, no hacía falta planificar, y noté cómo algo empezaba a marchitarse dentro de mí.

No solo quería planificar el tipo de rosa que me regalaría, también en qué momento nos haríamos una foto, en qué momento había que abrazarse, en qué momento hablaríamos de ciertos temas. Una vez fui a darle un beso y dijo: “creo que es mejor que nos lo demos justo debajo de la luna”. Nos movimos unos pasos y luego dijo: “bueno, creo que será imposible ponernos justo debajo”. Añadió que, en ese momento, no sentía que el universo le empujara espiritualmente a besarme y que, quizás, yo era poco espiritual y por eso no lo entendía.

Recuerdo cómo una vez se quedó con el mérito de un trabajo mío, diciendo que no tenía que importarme la fama. Recuerdo cómo me regaló cosas que sabía que no me gustarían y tuve que agradecer el detalle, y también recuerdo cómo, durante una conferencia, habló muy bien de toda la plantilla excepto de mí porque, según él, las cosas importantes se decían en privado.

Recuerdo cómo me trataba de superficial cuando quería subir una foto a mi perfil, cómo me llamaba materialista cada vez que me apetecía comprar algo, cómo me decía que, si me maquillaba, estaba dando más importancia a mi cuerpo que a mis estudios. Me incomodaba hasta tal punto que prefería no comprar nada delante de él. Según sus discursos el dinero no era importante pero, por lo visto, él no quería soltar ni un céntimo.

También recuerdo cómo una noche me despertó, después de un largo día en el que yo había hecho tres exámenes, porque estaba aburrido y no podía dormir.

Pero, sin duda, lo más impactante de todo era su extraño concepto del amor. Era tan importante amar, que había que dejar las propias necesidades a un lado para ayudar a otros, aguantar infidelidades para que el otro fuera feliz, soportar silencios de varios días para dar espacio al otro y respetarlo. Mientras tanto, él era incapaz de ayudar o escuchar a nadie, sus necesidades siempre iban primero porque él lo merecía, y los demás solo tenían que entenderlo como personas adultas. Parecía la víctima absoluta del universo y el único que entendía correctamente el concepto del amor. Si él hablaba de otras mujeres y yo me lo tomaba a mal, yo estaba siendo demasiado posesiva y no comprendía el amor. Si yo hablaba de otros hombres, entonces era una cualquiera que tampoco comprendía el amor ni el respeto.”

(E., 36 años)

 

Hace falta cierta distancia, temporal y física, para ver en qué juegos mentales te ha metido un narcisista de este tipo y qué creencias ha implantado en tu mente. Parece que no entiendes nada de la vida ni de los buenos valores, pero llega un día en que tu mente hace un clic y te hace ver las incongruencias, el egoísmo y la necesidad de admiración que se esconden detrás de su discurso. Empiezas a tirar del hilo y te das cuenta de que, en realidad, es imposible hacer feliz a esa persona y aún más ser feliz a su lado.

¿Cómo detectar a este tipo de narcisistas? Lo más normal es que no presenten todas las características que describimos aquí, o que tengas que hacer un esfuerzo por recordar cosas que sucedieron y a las que no diste mucha importancia, pero seguro que, si has estado ante uno de ellos, estos indicios clave te resonarán.

 

24 características e incongruencias de los narcisistas encubiertos de tipo espiritual 

  1. Les preocupa mucho su imagen: quieren ser conocidos por su humildad, por su altruismo y por su superioridad espiritual, pero en realidad ni siquiera tienen empatía. Dicen que no les importa la imagen pero eso es también parte de lo que quieren aparentar.
  2. Solo ellos saben lo que es el amor: tienen un concepto del amor aparentemente muy elevado, pero en realidad tiene una base completamente egoísta. Tú tienes que amarlos a ellos de forma incondicional y ellos solo tienen que amarse a sí mismos.
  3. Solo sus necesidades son importantes: si tú necesitas cercanía y él distancia, despídete de él por unos días. Si él necesita comer y tú dormir, te descubrirás preparando la comida mientras bostezas y te apoyas en la cocina. Si vuestras necesidades son incompatibles, las suyas siempre serán más importantes. Verás que, después del love-bombing, ya no puedes ponerte enfermo/a ni necesitar nada (te sentirás culpable si lo haces).
  4. Son muy inmaduros: si les señalas algún defecto o han hecho algo mal, siempre intentarán echarle la culpa a alguien más, aunque sea a ti por señalárselo.
  5. Se victimizan constantemente: les encanta mostrarse como víctimas del mundo, de su familia y de la crueldad infinita de la gente. Pueden parecer desvalidos y enfadados con todo y todos, como si fueran niños disgustados y abandonados.
  6. Falsa humildad: se autodeclararán los más buenos del mundo, los menos materialistas y los menos ambiciosos para que te sientas mala persona a su lado y decidas no progresar en nada.
  7. Ayudan a otros para triangularte: intentarán que sientas celos, que no te sientas merecedor/a de su ayuda y afecto y que pienses que eres una mala persona.
  8. Son muy controladores: aunque no siempre serán claros en esto, sabrán cómo controlarte en cada momento. Si no quieren que salgas una noche, pueden hacer que te preocupes por ellos para que, aunque salgas, no te lo pases bien.
  9. No tienen empatía: cuando no tengan un interés personal en ayudarte, no los verás mover una pestaña si estás pasando un mal rato. Sus problemas siempre serán más importantes. Hablarán de que hay que arreglar el mundo pero ni siquiera se darán cuenta de si estás preocupado. Querrán implicarse en movimientos solidarios pero no cuidarán de sus seres queridos.
  10. Son impredecibles: les gusta desestabilizarte con sus cambios de planes y de gustos. Muchas veces no hablan de lo que planean, esconden sus intenciones hasta que llevan sus planes a cabo, y tú tienes que adaptarte y estar siempre con las emociones desajustadas.
  11. Mienten muy bien: te quedarás impresionado/a con su capacidad para mentir y para hacer mil cosas a escondidas que ni siquiera te ha dado tiempo a imaginar.
  12. Minimizan las necesidades de los demás: ellos siempre necesitan cosas, nunca es suficiente con lo que les das. Ahora bien, si tú necesitas algo o estás triste, minimizarán tus problemas y a ti mismo/a, te tildarán de exagerado/a y te dirán que estás montando un drama (su especialidad).
  13. Odian la autoridad: algunos narcisistas encubiertos son líderes de sectas y grupos espirituales. Crean grupos en los que supuestamente son todos iguales. No soportan la autoridad porque en el fondo desean con todas sus fuerzas mandar ellos y tener seguidores. Por este motivo, suelen ser muy críticos con los políticos, los profesores y todos aquellos que tengan un grupo a su cargo. No soportan sentirse uno más en sociedad y suelen saltarse las normas alegando motivos espirituales. Según ellos, las normas están hechas con odio y hay que hacerlas con amor (del suyo, claro).
  14. No admiran a casi nadie ni tienen ídolos: no pueden admitir que les gustaría ser famosos ni que sienten envidia, así que se dedican a criticar a cualquiera que tenga la atención de los demás.
  15. Pueden tapar su tacañería con discursos espirituales: no quieren gastar dinero y por eso te tacharán de materialista cada vez que quieras hacer algo por lo que haya que pagar. Si quieres ir al cine, o cenar fuera, o comprar cualquier cosa, tendrás que pagar tú o aceptar quedarte en casa.
  16. Intentan que no sobresalgas: un día te dirán que no te arregles, otro que no ganes dinero, otro que no te lleves el mérito de tu trabajo o que no pongas tu nombre en el libro que has escrito. Te harán ver que si asciendes o sobresales de algún modo eres una mala persona.
  17. Quieren transferirte su frustración: te pueden decir que necesitan ayuda y no dejarte actuar. Pueden decirte que no les regales algo en concreto y unos días después decir que otra persona les regaló lo mismo y que ha sido el mejor regalo de su vida. Si se dan cuenta de que quieres un determinado lugar en su vida, no te lo darán jamás (pero a otros sí). Te harán sentir impotente y frustrado/a, y te sentirás, incluso, como un niño enfadado. En realidad es lo que sienten ellos.
  18. No tenéis los mismos derechos: él tiene el derecho de ser escuchado y tú debes escucharlo. Él tiene el derecho de ser libre y pisar tus derechos, y tú debes permitirlo. Si no lo haces, eres egoísta y poco evolucionado.
  19. Es imposible ser feliz a su lado: si te ven feliz pueden ponerse serios, hacer que te preocupes por algo o darte un discurso sobre lo terrible que es el mundo para que bajes de la nube. Frecuentemente critican lo que hacen los demás (y lo que haces tú). Con ellos, lo de “vive y deja vivir” no existe.
  20. Utilizan la espiritualidad para hacerte sentir culpable y manipularte: en pareja, a veces, la espiritualidad requerirá que te mueras de celos en silencio para respetar su espacio. Otras veces, requerirá que dejes de usar maquillaje o que no trabajes.
  21. Están llenos de límites: cuando intentas poner algún límite en su trato o intentas proteger tus emociones, te acusan de rígido y limitante. Eso sí, no intentes sacarlos a ellos de su zona de confort. No les hagas comer algo diferente, o ir a sitios diferentes o, en general, hacer cualquier cosa que no controlen por completo, porque entrarán en crisis y encontrarán algún discurso espiritual o profundo que no les permita hacer lo que les pides.
  22. Te interrumpen y te generan rabia: son especialistas en cortar y dificultar la fluidez de las conversaciones, interrumpiendo tus frases para decir que eso ellos no lo ven bien. O para puntualizar algunas cosas. Pueden interrumpir cualquier cosa que vayas a hacer diciéndote que seas más delicado o que pienses un poco, de modo que acabas reprimiendo mucha rabia e impulsos naturales y esa rabia acaba yendo en tu contra.
  23. Suelen ser muy promiscuos: les puede gustar el sexo descontrolado, a veces sin protección, y las experiencias múltiples. Hablan de rituales de amor libre en los que poco importa cómo te puedas sentir al respecto. Es más, si no aceptas asistir a uno de esos eventos, será debido a tus límites y a tu poca espiritualidad.
  24. Si les llevas la contraria se sienten ofendidos: no soportan quedarse sin argumentos ni que haya gente que les confronte o que piense diferente a ellos, así que directamente rechazan seguir hablando del tema o rompen el vínculo con esa persona. No obstante, ellos llevan la contraria a los demás constantemente.

 

No es fácil descubrir a un narcisista encubierto. La mayor parte de las veces, te darás cuenta de que está pasando algo raro porque te pondrás enfermo/a más veces de lo habitual, te sentirás culpable por todo y tendrás cierto nivel de estrés al pensar en vuestros encuentros. Tu relación parecerá un rompecabezas sin resolver y, cada vez que muevas una ficha, el dibujo y la forma cambiarán, imposibilitando su resolución.

Por eso, es importante que tengas claros los indicios que hemos mencionado y cómo te encuentras antes y después de ver a esa persona. ¿Te genera dolor de cabeza o ansiedad pensar en la relación? ¿Te hace sentir que eres decepcionante o que no eres lo suficientemente bondadoso/a? ¿Crees que esa persona tiene un concepto del amor muy elevado pero que solo le beneficia a ella? ¡Cuidado! Aquí huele a narcisista espiritual…

 

Los narcisistas encubiertos de tipo espiritual suelen autoproclamarse bondadosos, altruistas y espiritualmente superiores, pero tienen un concepto del amor que solo les beneficia a ellos. -       

¿Te ha servido este post? ¿Conoces a algún/a narcisista de este tipo? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

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