Seleccionar página
5
(1)

Los peligros de ser demasiado conciliador

Este antiguo refrán nos enseña la importancia de no caer en provocaciones y mantener la calma con el objetivo de evitar una discusión. Eso puede estar bien si hablamos de dos persona que no se conocen mucho o que tienen poco trato, pero conlleva algunos peligros para quienes tienen una tendencia muy conciliadora y se relacionan bajo ese principio en su círculo más íntimo.

Las personas discutimos con dos motivaciones básicas:

  1. Llegar a un acuerdo
  2. Provocar un problema

 

# Cuando discutimos para llegar a un acuerdo  

En el primer caso, las discusiones sirven para establecer límites y hacer que la relación evolucione. Es un medio desagradable, pero necesario, para alcanzar un fin deseado. Las dos personas buscan activamente la intersección que permita alinear las necesidades o deseos que tienen. Eso es posible porque ambas dan su opinión y llegan a un acuerdo. Es normal que las dos intenten ganar, y que una intente convencer a la otra para que esté de acuerdo con ella. Si una no marcara su terreno, sería imposible encontrar un punto de unión.

En las relaciones sanas, el problema es el malestar o la desigualdad que hay en la relación antes de discutir y no la discusión en sí, ya que esta sirve para solucionarlo. Pueden decir que hay temporadas en las que no “paran de solucionar cosas”.

 

# Cuando discutimos para provocar un problema

Algunas veces, uno de los dos inicia deliberadamente una discusión para no aburrirse, para establecer una relación de poder o para incomodar al otro, cuando percibe que todo va “demasiado bien”. Es el caso de personas que no se encuentran bien y necesitan compartir su malestar. Probablemente, al leer esto, pensarás en personas que están desvalidas y necesitan ayuda, pero no siempre es así.

Es común en personas con Trastorno Narcisista de la Personalidad y Trastorno Antisocial, o con comportamientos altamente tóxicos, buscar puntos de desacuerdo en cualquier conversación y circunstancia, con el único objetivo de discutir y crear malestar. Para ellos es agradable provocar sentimientos negativos en la otra persona y hacerle ver que está equivocada.

Es en estas ocasiones cuando la pareja del/ la psicópata o narcisista puede pensar “si pongo de mi parte, dejaremos de discutir”, y se asombra al ver que nunca es suficiente el esfuerzo. Eso ocurre porque, en el fondo, piensa que tiene la culpa de los problemas del otro. En cambio, el otro, sin empatía ni sentimiento de autorresponsabilidad, sigue provocando y haciendo daño.

A veces, dos sí pelean aunque uno no quiera

y ese uno debería aplicar una versión propia de ese refrán:

Dos no pelean si uno se marcha.    

Si detectas que tu pareja crea discusiones porque se siente incómoda con la tranquilidad, quizás debas replantearte la relación, ya que será muy difícil encontrar una intersección válida para los dos. Por otra parte, si has entrado en una dinámica de discusiones en las que prefieres que te gane, hay algo que no funciona, porque realmente es muy difícil que alguien quiera perder. Lo que seguramente sucede es que necesitas tranquilidad y descanso emocional y la relación es una montaña rusa o estás bajo los efectos de otras relaciones que sí lo fueron.

Es importante comprender que el objetivo no es evitar las discusiones, sino solucionar los problemas y, a veces, los problemas son las discusiones destructivas constantes y los daños que estas generan en la persona más conciliadora.

 

No hay que evitar las discusiones evolutivas 

Para saber si una discusión es evolutiva o destructiva puedes hacerte las siguientes preguntas:

  1. ¿La finalidad de la discusión es solucionar un problema?
  2. ¿Sirve para crear igualdad o para que uno gane poder sobre el otro?
  3. ¿Es una discusión libre de violencia de cualquier tipo?
  4. ¿Te sientes libre de dar tu opinión o prefieres ceder para que haya calma?

Es muy importante que recuerdes que las discusiones sirven para solucionar cosas y eso no significa que uno gane y otro pierda. No permitas que el “no querer discutir” te encadene a una relación de poder, ni pienses que si no te defiendes conseguirás que el otro entre en razón o evitarás los problemas. Es necesario resolver los desacuerdos de forma que la relación os siga aportando cosas positivas a los dos.

Algunas personas, por su naturaleza, no te permitirán dejar de discutir, y la forma de encontrar tu propio bienestar es apartarte de ellas.

 

A veces, dos sí pelean aunque uno no quiera, y ese “uno” debería aplicar su versión de ese refrán: “dos no pelean si uno se marcha” -       

¿Te ha ocurrido alguna vez? Comparte tu experiencia y deja un comentario.

¡Un abrazo!

¿Te ha resultado útil el contenido de mi post? ¡Puntúalo!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 1

Sé el primero en puntuar este contenido.

Si te ha gustado mi post...

Sígueme en las redes sociales!

Share This
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad