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¿Llevas mucho tiempo dando demasiado de ti sin recibir nada o casi nada a cambio?

Tal vez tienes un trabajo en el que tu jefe nunca está contento contigo o estás en una relación en la que tienes demasiadas responsabilidades.

El síndrome del agotamiento emocional aparece como consecuencia de pasar un largo período de tiempo en condiciones de estrés, sobreviviendo a una situación de desequilibrio: aportas mucho esfuerzo y apenas obtienes recompensa. Finalmente, tu cuerpo y tus emociones se revelan para hacer que bajes el ritmo.

Algunas de las pistas que te da tu organismo de que estás acercándote a tus límites son las siguientes:

  • Sientes más cansancio de lo habitual: todo se te hace un mundo. Te despiertas cansado/a, y cualquier tarea te resulta agotadora. Incluso dejas a un lado aquellas actividades que te gustaban pero que suponen un mínimo esfuerzo.
  • Tienes dificultades para conciliar el sueño. La hora de dormir es un momento de encuentro con nosotros mismos, un espacio para la reflexión personal. Cuando sufrimos este síndrome, podemos padecer insomnio debido a la alta carga emocional que estamos soportando, ya que nos cuesta mucho dejar de pensar en ese aspecto de nuestra vida que está desequilibrado.
  • Estás irritable: te sientes mucho más susceptible de lo habitual. Has sacado la espada y el escudo y cualquier comentario que no encaje exactamente con lo que necesitas oír te hace estallar. Si alguien te lo hace notar, es aún peor.
  • Practicas el distanciamiento afectivo: te aíslas emocionalmente para protegerte. Por una parte, no quieres enfrentarte a tu propia irritabilidad con el resto de personas y, por otra, no tienes fuerza ni puedes arriesgarte a crear otra relación desequilibrada. Tu mente te pide soledad.
  • Te enfermas a menudo: tu sistema inmunitario parece estar resentido. Últimamente, te contagias de resfriados, infecciones y todo lo que haya a tu alrededor. Cuando parece que te estás curando, enfermas de otra cosa.
    Te falta motivación: te cuesta tener ilusión o no encuentras fuerzas para hacer las cosas, incluso si esas cosas antes te gustaban.
  • Tienes problemas de memoria: has notado que tienes olvidos frecuentes. Quizás son olvidos sin mucha importancia, pero no es algo habitual en ti y te ha llamado la atención.
  • Te cuesta concentrarte. Quizás es una operación matemática, o un problema simple a resolver. Organizar datos, relacionarlos o sacar conclusiones te resulta más pesado que normalmente. Algunas veces, son los demás quienes te avisan de que estás despistado/a o se dan cuenta de que tardas más en responder cuando te hablan.

Si tienes varios de estos síntomas, y reconoces alguna situación en tu vida en la que estás demasiado entregado/a sin recibir una recompensa equivalente a cambio, es muy probable que sufras agotamiento emocional.

 

En el ámbito de las relaciones, es común sentirse agotado cuando tenemos una interacción tóxica con alguien.

Algunos ejemplos serían:

  • Estás con una persona que te amenaza con frecuencia, implícita o explícitamente, con dejar la relación si no haces lo que ella quiere.
  • Tu pareja es muy pesimista, te demanda atención y optimismo todo el tiempo para animarse, y cuando lo consigue dice que sigue desanimada.
  • Tienes una relación íntima con alguien que tiene comportamientos muy victimistas. No puedes relajarte, porque cualquier cosa que dices o haces hace que te reclame por tu falta de sensibilidad.
  • Te relacionas habitualmente con alguien que te exige ser perfecto/a y has aceptado el reto. Esa persona nunca te da el visto bueno, o cambia de opinión constantemente sobre lo que espera de ti.

Si tienes síntomas de agotamiento emocional, debes pararte a escuchar lo que tu cuerpo trata de decirte. Si no prestas atención a los síntomas y continúas en las dinámicas estresantes, llegará un día en el que no habrá vuelta atrás: estarás paralizado/a y al borde del colapso.

En ese punto, lo tendrás claro: no puedes soportar esa situación y las estrategias que utilizabas normalmente ya no sirven, porque has traspasado tus límites. Por lo tanto, debes parar cuanto antes, ya que la ansiedad mantenida durante mucho tiempo puede llevarte a una depresión y tu sistema nervioso puede resentirse seriamente. No esperes hasta ese punto.

 

Cuatro claves para poner freno al proceso de agotamiento emocional

  • Descansa. Duerme, relájate, baja tu nivel de actividad. Ya sé que cuesta dejar a un lado las obligaciones, pero tu salud es más importante, y seguro que algunas de esas obligaciones pueden esperar o ser delegadas. Necesitas dormir para volver a ver las cosas con claridad y desde una perspectiva más relajada.
  • Libérate de la culpa. Acéptalo: eres un ser humano y no puedes con todo. No esperes que te lo digan los demás, ni tampoco esperes su comprensión (sobretodo si hablamos de personas abusadoras). Sabes que estás sobrecargado/a de obligaciones y que tu mente está al borde del colapso, no hace falta que lo reconozca otra persona.
  • Pon límites (a los demás y a ti mismo/a). No es necesario esforzarse hasta el colapso. Tienes derecho a poner límites y a tener un ritmo de vida satisfactorio.
  • Realiza actividades placenteras. Descansar es necesario, y es primer paso, para recuperarte, pero, cuando lo hayas hecho, empieza a añadir diversión a tu día. Hazlo aunque al principio no te apetezca. Esos momentos de ocio te llenarán de energía renovada.

Como consejo extra te diré que, si tienes oportunidad, hagas una excursión a un lugar en el que haya movimiento de agua. El agua del mar tiene iones negativos que neutralizan la sobrecarga energética y te aportarán un alivio mental prácticamente inmediato.

 

Recuerda: el síndrome del agotamiento emocional aparece como consecuencia de pasar un largo período de tiempo en condiciones de estrés, sobreviviendo a una situación de desequilibrio: aportas mucho esfuerzo y apenas obtienes recompensa. Finalmente, tu cuerpo y tus emociones se revelan para hacer que bajes el ritmo.

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